Lo que no debe faltar en una aventura segura
- En todas las ciudades del departamento de Loreto, cuya capital es Iquitos, hay estructuras y facilidades para hacer del viaje un encanto. Pero, cuando llega la hora de “montarse” en alguno de los ríos y penetrar la selva, se recomienda cargar con repelente, bloqueador solar, zapatillas cómodas o botas para caminatas, además de sombrero, agua, un poncho de plástico y vestido de baño.
Dónde se puede ir
- Visitar la reserva natural Pacaya Samira. La segunda más grande de Perú.
- Edificaciones históricas. La Casa de Hierro, con más de dos siglos e ideada por Gustaff Eiffel.
- Ir al mercado cercano a la comunidad de Nanay. Allí se puede apreciar y adquirir la variedad marina (pecados y otros) y del bosque amazónico
- Recorrido en crucero. Hay pequeños cruceros que por módicas sumas, le permiten recorrer el Amazonas y sus afluentes en Iquitos y todo Perú.
Solo hay dos maneras de llegar a Iquitos: por aire o en barco. A la ciudad más grande de la selva amazónica en Perú la abrazan tres ríos, uno de ellos es el Marañón, principal afluente del Amazonas, el más extenso de mundo.
A media tarde del sábado un avión de Copa Airlines aterriza, procedente de Panamá, tras dos horas vuelo. “¡Maremaitomo!” (bienvenidos), así son recibidos los visitantes por el curaca, jefe de una etnia de aborígenes, y su grupo, quienes y entre bailes y collares hechos a base de semillas de huayruro para atraer la suerte, dan luz verde a la aventura que, durante los días que decida el turista, los llevará a conocer Iquitos, la capital de Loreto; el río Amazonas, la inmensa y vital selva de la reserva Pacaya Samira, la segunda más extensa del Perú y, por supuesto, a disfrutar de la variada gastronomía de la región, sustentada en productos cien por ciento naturales; porque en la Amazonia casi nada es importado.

Primera movida.
Después de abastacerse y recorrer las principales calles de Iquitos, atestadas de unos 80 mil “motocars” que movilizan a los pobladores, se inicia un viaje de 90 minutos por tierra con destino a la localidad de Nauta. Cerca de las 8:00 p.m., los viajeros son trasbordados a una lancha que, durante 45 minutos, los lleva a través del inmenso río Marañón para llegar al albergue Pacaya Samira, en donde se pasa la primera noche. Pero no se trata de una noche más; antes de dormir hay una cena y de allí la primera expedición nocturna por el Marañón para avistar reptiles, aves y algunos mamíferos. Media hora después de iniciar la travesía, el capitán de la lancha apaga el motor y empieza un tránsito lento en medio de la noche con la complicidad del río.
Caminar la selva.
El viaje incluye un “full day” en la selva que comienza con visitas a la reserva Pacaya Samira, donde se pueden ver garzas, aves de presa y playeras, entre ellas el rayador negro. Además, otros pájaros pescadores de diversos tipos, como el martín pescador amazónico, el martín pescador grande, el martín pescador verde y rufo y el espectacular martín pescador pigmeo. En un paseo a pie dentro de la selva se pueden encontrar reptiles como boas y anacondas, además de múltiples plantes medicinales y árboles que sirven para la subsistencia de los habitantes de los poblados que bordean el Marañón y el Amazonas. Más tarde se llega al punto donde confluyen los ríos Ucayali y Marañón, una vista única del nacimiento del río Amazonas. En el trayecto es común observar a los delfines gris y rosado, propios del área.

A mediodía se almuerza a bordo y, poco tiempo después, el viajante puede darse un chapuzón en el río Yanayacu.
Para saciar la tentación.
Ir al Amazonas o a alguno de sus afluentes y no darse un baño sería imperdonable. Después del almuerzo se permite a los viajeros nadar en el Yanayacu y poco después se les traslada a otro sector en donde les suministra una caña para pescar una o algunas de las abundantes pirañas. Quienes tienen suerte y hambre, pueden guardar lo que pescan para llevarlo al albergue, donde gustosamente se lo preparan.

Antes del regreso, se hace un alto en alguna comunidad para ver y comprar las creaciones artesanales y, posteriormente, se regresa al “lodge” (albergue) para la cena y disfrutar de bailes de la región y deliciosos cocteles hechos a base de pisco y chuchuhuasi, entre otros, que dan lugar a bebidas exquisitas y otras de nombres estrambóticos como “Siete veces sin sacarlo”, “Espérame en el suelo” “Siete raíces” o “Rompe calzón”, todas hechas a base de las cortezas de los árboles y que despiertan la curiosidad de propios y extraños.
De vuelta.
La agenda en la selva puede extenderse entre tres y seis días. Pero si usted se decide por la experiencia más corta para regresar a Iquitos en la capital, no se habrá equivocado.

Allí se puede visitar sitios emblemáticos, como la Plaza de Armas o La Casa de Hierro, cuya concepción obedece al genio de Gustaff Eiffel. En la ciudad se disfruta de la singular arquitectura, así como de hoteles para todos los presupuestos y sitios para degustar de la variada, saludable y, por demás, excelente gastronomía peruana, de la que Iquitos es exponente por excelencia.
Llega el momento que nadie quiere: irse. Después de terminar la aventura, el visitante se queda con algo de Iquitos y la selva peruana y emprende el viaje de regreso con una expresión que lo resume todo, “usurpaki” (gracias), y convencido de que, en la Amazonia, el río lo es todo.






