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"La conservación del patrimonio no puede estar sujeta a criterios estéticos"

Se hace necesario un plan de concienciación que garantice el mantenimiento de las edificaciones en el Casco Antiguo.


Es una realidad a voces que el Casco Antiguo de la Ciudad de Panamá está mostrando una nueva cara, tanto a los panameños como a los extranjeros.
Este centro histórico que en el año 1997 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ha sido objeto de intervenciones arquitectónicas

Desarrolladas para la restauración de sus edificios y monumentos que guardan gran parte de la esencia histórica nacional.

A más de 10 años de esta declaratoria, el Casco Viejo, como también se le conoce, ha despertado el interés nacional e internacional, a la vez que crea la responsabilidad de conservarlo para el beneficio de las generaciones futuras.

Mediante diversas etapas y bajo el mandato de diferentes administraciones, se han ejecutado métodos de desarrollo.  Estos procesos de renovación continúan, hoy por hoy, siendo variados y con   un profesional distinto responsable de las obras.

Ante esta multiplicidad de involucrados y procedimientos, surge la interrogante.  ¿La reactivación está siendo manejada de forma tal, de conservar los inmuebles y a la vez preservar el valor patrimonial del sector?
“La pregunta es interesante y un poco compleja la respuesta”, deduce el arquitecto Raúl Murillo, restaurador de monumentos, con quien conversamos sobre el tema.

Para él, la conservación parte, en primer lugar, del valor que se le asigne al objeto que se vaya a preservar.  Asimismo, este centro histórico tiene contenidos muy variados, de épocas marcadas y con escalas de valores distintos, que en su conjunto han sido denominados patrimonio de la humanidad.

 

“Entonces, tales intervenciones particulares y públicas deben tener este punto de vista para ser ejecutadas”, afirma el arquitecto.

Todas (las restauraciones de propiedades) se han realizado mediante una dinámica de inversión privada, de gestión del Estado y de ideas, basadas en criterios divergentes en relación con su elaboración.  Se ha dialogado para homologar criterios, pero no se ha podido lograr el objetivo.

En este punto, Murillo asegura que, en su opinión, la restauración del Casco Antiguo no se está llevando a cabo como se debiese realizar; podría presentar mejores mecanismos.    “Si el precepto general es que tenemos la responsabilidad de conservar para las generaciones futuras, cada responsable tiene que justificar cómo actúa en su proyecto y a qué cosas le dio valor, pues la conservación del patrimonio no puede estar sujeta a criterios únicamente estéticos”.

 

Muchos especialistas coinciden en que con directrices específicas se lograría el objetivo de cambiar la apariencia de los edificios (cosa que ya se están haciendo) y también se alcanzaría la concienciación de la población sobre la importante apreciación de estos valores patrimoniales, y no del concepto estético.

Cada edificación del Casco Antiguo, aunque refleje humildad, forma parte de ese valor histórico que hace falta divulgar.  Este aspecto de no divulgación, los principios estéticos y la aplicación poco sensible de la legislación, representan factores que podrían resquebrajar el encanto de la antigua ciudad.

Según el entrevistado, quien tuvo a su cargo la restauración del Arco Chato, la vinculación emotiva se da por lo que se ve, y eso es precisamente lo que está ocurriendo en este sector de la capital.  “Quien realiza una inversión en su propiedad, se siente motivado a cuidar ese bien propio por la apariencia elegante de su casa, de eso se trata el valor estético, un tópico contrario al valor patrimonial”.

 

Los mecanismos técnicos también son importantes y la preservación va más allá de la ideología de emitir un mensaje de conservación dirigido a todos los panameños.  Involucra además un proceso de mantenimiento constante que garantice que todo lo que se ha hecho, se mantenga en óptimas condiciones.

Hablando en términos positivos, manifiesta Raúl, la tarea ha servido durante los últimos 10 años para que los residentes del lugar y las autoridades pertinentes le den importancia a lo que está sucediendo en el centro histórico.  “Lamentablemente prestamos más atención cuando ocurren sucesos catastróficos y tenemos que reconocer que la mayoría de las situaciones se pudieron evitar”.

¿Un patrimonio para los extranjeros?   Los inversionistas extranjeros son parte importante de este proceso de renovación.  Esto representa una de esas contradicciones visibles de la transformación del Casco Antiguo.

Para rescatar un centro histórico existen dos vías.  Se  hace a lo largo de 100 ó 200 años preservándolo día a día, o mediante un capital invertido en un periodo breve de años.

Obviamente, en nuestro país se tuvo la necesidad de optar por la última alternativa, la cual ha generado un remozamiento y un dinamismo económico, en donde los principales protagonistas son inversionistas extranjeros, cuya participación ha servido a su vez para dinamizar los capitales panameños.

“En el caso de nuestro país, si consideramos que la gran mayoría de los inmuebles y fincas son privados, hubiese sido imposible pensar en la recuperación de este centro sin contar con capital extranjero”, manifiesta Raúl.

A pesar de esto, el ciudadano común no quedará excluido del Casco Viejo, pues se están desarrollando proyectos de interés social enfocados a llevar a cabo edificaciones con precios asequibles para personas de bajos recursos.

Según información obtenida en la página web del Ministerio de Vivienda,  la promoción del uso residencial en el Casco Antiguo, restaurando varios inmuebles estatales abandonados y convirtiéndolos en viviendas públicas, es uno de los principales objetivos del plan de recuperación urbana que desarrolla esta entidad.

Según la misma fuente, en esta iniciativa se enmarcan las obras de restauración de la Casa Boyacá, Casa Rosada, Casa Amarilla, Casa Francia, Casa 1134, Casa 1109, Casas 1 y 2 en Plaza Herrera, Residencial San Felipe Neri y Residencial Elsa Salazar.

En el Casco Viejo existen 940 fincas, de las cuales 830 son edificaciones, 110 son propiedad del Estado y 738 privadas, de este total 97 han sido restauradas.

De este total de unidades reparadas, 70 se realizaron desde la declaración de Patrimonio Histórico de la Humanidad en 1997 hasta el 2004 y desde septiembre de 2004 a la fecha se han restaurado 27.

El final del proceso.  Si hablamos en términos cosméticos, se podría establecer que dentro de unos quince años el 98% de las casas en el Casco Antiguo de la Ciudad de Panamá estarán remozadas.  Sin embargo, si nos referimos a la identificación del ciudadano con ese valor patrimonial, así como  su intervención en pro de esa comunidad para garantizar su persistencia para generaciones futuras, la tarea no va a finalizar nunca.  “Nos hace falta conciencia y madurez como ciudadanos”, finalizó.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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