Escenario de confinamiento del verdadero Robinson Crusoe, refugio de piratas y prisión de malhechores, el archipiélago Juan Fernández guarda en sus entrañas decenas de misterios y probablemente más de un tesoro que un obstinado estadounidense está empeñado en desenterrar.
Enclavado en el Pacífico, a unos 670 kilómetros del litoral central del Chile continental, sus cerca de 900 habitantes son los herederos y guardianes de una historia cargada de leyendas.

Fue el español Juan Fernández el primer europeo que descubrió este archipiélago el 22 de noviembre de 1574, cuando se internó mar adentro para buscar una ruta de navegación más rápida entre Perú y Penco, a unos 500 kilómetros al sur de Santiago.
A unos quince minutos en bote desde Bahía Cumberland se puede arribar a Puerto Inglés. En esa pequeña cala empedrada está la llamada Cueva de Robinson Crusoe, en la que vivió el marinero escocés Alejandro Selkirk.
"La historia dice que ese fue su primer refugio, pero conforme se fueron agotando los chivos (cabras) que sacrificaba, y para que no le descubrieran los barcos españoles, tuvo que trasladarse a otro sector que se llama Buenas Aguas", cuenta a Efe Rudy Aravena, expresidente de la Cámara de Comercio y Turismo de la isla.
Pero Puerto Inglés es también el epicentro de la perseverante búsqueda de Bernard Keiser, un holandés nacionalizado estadounidense que desde 1995 ha invertido miles de dólares en intentar hallar algún tesoro escondido.
En efecto, más de algún tesoro hay, y muchos de ellos están a la vista de todo aquel aventurero que desembarque en estas costas de leyenda.