Como si hubieran sincronizado los relojes, las niñas mantuvieron una tranquilidad hasta que dieron las siete de la noche. El desconcierto y la adrenalina fueron subiendo cuando, en el escenario, se oyeron sonidos de los instrumentos.
¡Viene, ya está aquí; mírala, es ella!. Gritó una niña cerca de mí, y efectivamente "Corazones al viento" abría el evento, ejecutada por cinco argentinos y, entre ellas, la más esperada: la nueva reina de los bajitos.
Con vestidos largos, coloridos de corte imperial, cada chico era ovacionado a su manera, atrás quedó el arreglo que mostró el evento cuando recién arrancaba años atrás, donde los atuendos eran hechos con materiales reciclables.
El público quería cantar. La alegría y diversión que irradiaba esta chica era contagiosa; las niñas caminaban de un lado a otro de la tarima. Donde se ubicara la artista, se movían ellas. Entre "Tic Tac", "Pobres los ricos" "Y la vida", "Kikiriquí", "Chabal chulito", "Así será", "Caprichos", "Vos podés" y "Te siento", hubo un calentamiento para el público, donde Floricienta presentó un cuerpo de baile de 12 personas, quienes le acompañan en esta gira desde Argentina.
De pronto se oye un hasta luego, eso es todo, gracias Panamá!. La fanaticada se levanta. Aquello no tenía nombre; nunca se había visto un concierto con tantos pequeños que tuvieran el poder de conseguir que Floricienta no se fuera aún. Claro!, todo era parte del show, puesto que se encienden las pantallas gigantes, y salen unos letreros grandes: ¿Están cansados?, y los niños respondían no al unísono. Luego aparecen otras letras: ¿quieren más? Sí, responden nuevamente, dando espacio para "Vestido Azúl", "Flores amarillas y "A Bailar", tema que puso a la seguridad del evento en corredera, puesto que las niñas no aguantaban y querían acercarse lo más posible a la tarima.