Hay quienes tienen buena mano para las plantas, pero también quienes acaban hasta con las siemprevivas.
Para que su jardín luzca hermosas plantas, con colores vívidos, hojas brillantes y que sean las favoritas de polinizadores como las mariposas y abejas, debe estar siempre vigilante: regarlas, fertilizarlas y echarle insecticida, para evitar que los insectos las ataquen.
Si tiene perros o gatos, también aléjelos de ellas. A los primeros les encanta regarlas. Cuando eligen una, no hay quien los aleje de ella.
Sin decir que también con las patas y hocico las atacan. Por ejemplo el mío, un lindo bóxer llamado Coco, se vuelve loquito cuando las ve. Ni que fueran molinos de viento. Arremete contra ellas con tanta furia, que para qué les cuento.
¿La razón? Sólo él la sabe. No recuerdo haberle hablado mal de ellas cuando era cachorro. Ahora tampoco, claro.
A la hora de alimentar sus plantas o prevenir daños por alimañas, no se ande por las ramas y recurra directamente donde los expertos. Nada de andar inventando cosas. Algunas producen efectos positivos y en otros casos, le sale el tiro por la culata.
No me crea. Sólo lea. Por ejemplo, hay quienes aconsejan usar borra de café para abonarlas. Dicen que es asunto de nada más rociarla en la pata de la planta.
Asimismo, están los que dicen que en la tarea de alejar las hormigas rojas, les da buen resultado regar en la base del tronco de la planta una mezcla que hacen con agua y chile. Otros recurren al cigarrillo. ¡Ni que ellas fumaran!
O, lo que es igual, ¿cómo va a ser bueno para otro ser viviente lo que es malo para la especie humana?
Las aspirinas, decía una vecina mía, Petra, "sirve más que para aliviar el dolor de cabeza o el de muelas". Ella la usaba para que las flores se pusieran hermosas.
Solía decirle a otra vecina: "Agarra un par de aspirinas y disueltas en agua se la rocías en la base de la planta. ¡Ya me echarás un cuento!"
Sólo tiempo, atención y cariño. Eso es lo que ellas requieren. ¿Es eso acaso mucho pedir?
Volviendo a lo que nunca falla, recuerde regar, podar sus plantas de vez en cuando y arrancarles las malas hierbas es reglamentario. Si lo duda, pregúntele a El Principito, de Antoine de Saint Exupéry. Él era un celoso custodio del bienestar de su querida flor. Cuando se marchó de su planeta, le colocó un protector para evitar que los baobabs la amedrentaran y la hicieran marchitar.
Y ya que hablamos de él, cuando se vaya a la cama, llévese un ejemplar de este clásico, sobre el cual la colega Annette Hinestroza esribió un hermoso y bien interesante artículo en la edición de la Revista Siete del domingo pasado.
Si no lo tiene en su biblioteca, anótelo en la lista de los libros que comprará en la IV Feria Internacional del Libro, que se celebrará del 15 al 20 de mayo en ATLAPA, donde, sin duda, abundarán los libros sobre jardinería y no tendrá que recurrir a espantapájaros, pócimas mágicas o esas con ajo y chile. Tampoco hacerle caso a Petra, ni dejar que las arrieras se den el gran festín con sus plantas.