Aseguró que no hay nada como vivir en la tranquilidad del campo y, aunque hoy día hay mucho modernismo, no cambia el agua de la tinaja, el arroz con frijoles y el aire fresco y saludable de su pueblo.
Don Pastor recordó que con el canto de los primeros gallos, se anunciaba el inicio de una nueva jornada, donde todos salían entusiasmados a sembrar maíz, arroz y frijoles, que eran los alimentos que más consumían, y a diferencia de ahora las peonadas eran extensas y duras, pero lo hacían todo con muchas ganas.
Como rebuscando en su memoria, manifestó que con 89 años él sigue despertándose con el canto de los gallos y, aunque ya no trabaja como antes, se siente muy contento de ser un campesino que ha sabido conservar sus raíces y dar valor a las cosas sencillas que vienen de la creación, para que el hombre pobre y trabajador pueda vivir.