Esto ocurre cuando la pintura seca se separa de la superficie que ha sido pintada.
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Pintar sobre un soporte mal preparado.
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Aplicar la pintura sobre una superficie húmeda o con filtraciones de agua.
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Pintar sobre superficies que tuvieran grasa o cera, y que no se limpiaron adecuadamente.
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Prestando atención al preparado de los soportes, de acuerdo con las características de cada uno.
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Limpiando correctamente de grasa, aceite u otras sustancias las superficies a pintar.
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Utilizar una buena pintura de imprimación en superficies vírgenes y lijar las pinturas viejas para facilitar la adherencia de las nuevas.
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Antes de guardar el bote de pintura boca abajo, comprobar que la tapa quede bien cerrada.
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Para evitar la falta de adherencia de la pintura en superficies de cinc o de materiales plásticos como el polietileno, hay que preparar el soporte adecuadamente.
Cuando aparecen hendiduras de cierta profundidad en la capa de pintura aplicada, estamos frente a una superficie con un acabado cuarteado o agrietado.
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Emplear pintura de baja calidad.
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Utilizar pintura inadecuada: repintar con pintura nitrocelulosa una superficie anteriormente cubierta con esmaltes sintéticos o con pinturas grasas.
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Pintar sobre preparaciones muy blandas u oleosas sin que estén totalmente secas.
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Respetando las incompatibilidades entre los tipos de pinturas ya aplicadas y las nuevas.
Son los canales o hendiduras que se ven en la superficie pintada y que resultan antiestéticos.
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Coger poca pintura con la brocha. Así, las cerdas quedan al descubierto y van marcando la película de pintura.
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Extender la pintura con demasiadas pinceladas, dando tiempo a que el disolvente se evapore.
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Repasar la pintura que está a punto de secarse.
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Cogiendo la pintura necesaria.
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Tomando la precaución de que la temperatura ambiente no sea excesivamente alta, para que no seque con rapidez el disolvente.
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No intentar una última pincelada si la pintura ya se está secando.
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Comprobar si la consistencia de la pintura es la adecuada. La ideal es un punto medio entre lo líquido y lo espeso.
Se aprecia cuando habiendo esperado el tiempo de secado indicado se nota, al intentar dar otra mano de pintura, que la anterior todavía no está seca.
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Usar disolventes inadecuados.
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Pasar capas de pintura muy espesas.
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El exceso de humedad, la falta de ventilación o un ambiente demasiado frío también contribuyen a un secado lento.
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No pintar con una temperatura inferior a los 10ºC.
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Si bien hay que evitar las corrientes de aire, el ambiente de trabajo ha de estar ventilado.
Hay que poner mucho cuidado a medida que se extiende la pintura, o si se aplica en una capa gruesa, ya que se va deslizando hacia abajo con formas irregulares a modo de lagrimeo.
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Distribuir la pintura de forma incorrecta.
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Cargar la brocha con demasiada pintura.
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Haciendo escurrir ligeramente la brocha antes de comenzar a pintar.
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Aplicando capas finas.