No podíamos llegar ni un minuto tarde porque no nos atendería. Ni aunque íbamos acompañados por su "protectora" Vivian Sosa, ya que tienen una relación laboral y de amistad de más de 30 años.
Allá en el piso 31 de un edificio en Paitilla, luego de tocar el timbre y un apretón de manos, incursionamos directamente en lo que parece ser un templo del arte, el taller de este artista, donde cada mañana y en las tardes, porque aprovecha al máximo la luz del sol, se dedica a trabajar el maestro Guillermo Trujillo como lo ha hecho incansablemente por más de 50 años.
Prueba de ello es la reciente colección que presentó en Galería Habitante. Una muestra que se compone de acrílicos, dibujos y cuatro esculturas, que una vez más obliga al espectador a "ver más" y sobre todo "sentir más", como lo indica la doctora Ángela de Picardi para descifrar el universo plástico y temático del artista, ese que durante esta entrevista se denominó como el "pintor mal geniado", ya que admite que es tímido, huraño, no cree en la inspiración, en las musas y no le gustan las entrevistas.
Además, en su amplio y pulcro taller siempre está trabajando en algo y no se permite, porque le da pavor, tener un cuadro en blanco, por lo que todos están llenos de formas y colores que "algún día terminaran siendo algo, porque todo es un proceso, una evolución en la que trabaja sin planear diariamente", dijo.
Y es que para Guillermo Trujillo el trabajo, sus obras y el tiempo son importantes, como lo es la vida misma.
Él es un pintor incansable, oriundo de Horconcitos (Chiriquí), que a sus 78 años no ha dejado de producir para esta nación, a la cual quiere heredar una colección invaluable de piezas de arte que reposan en un depósito y que espera no se queden en el intento frustrado de ser parte de lo que ha llamado "El Museo Trujillo".
Es más, ni siquiera durante el difícil y complicado tratamiento de un cáncer dejó de producir, porque aunque estaba en cama también hizo bordados y tapices, que hoy son otras obras invendibles que se exhiben en su hogar, donde está rodeado de obras de arte y de la naturaleza, esa que plasma en sus cuadros y que en un momento motivó a que indicara a Panamá América que por ella, por ese amor que le profesa, hubiera querido ser agricultor.
Esa naturaleza está presente en toda la obra de Trujillo y hace que cobre vida con sus vibrantes colores y texturas, que celebra de forma potente y sagrada.
Por esta razón, el pintor ha sido llamado "el Chamán de la pintura panameña", porque ha transformado antiguos mitos a un vocabulario contemporáneo que internacionalmente ha adquirido gran reconocimiento con premios e invitaciones a participar de grandes exposiciones.
Aunque Guillermo Trujillo no considera que su infancia haya influido su obra, admite que sus vivencias aparecen muy sutilmente, como el paisaje del que creció rodeado, ya que Horconcitos es un pequeño lugar envuelto por verdes llanuras de pastoreo, donde la cordillera central y el Volcán Barú se divisan en todo su esplendor y los manglares del puerto completan el marco del pueblo que se manifiesta en su obra.
Sus padres fueron maestros de escuela primaria, ellos fueron Rafael Trujillo y Marina Alvarado.
Don Guillermo indica que su pasión por la pintura nace una vez comenzó estudios en la Facultad de Arquitectura en la Universidad de Panamá, ya que en las tardes, después de las clases, tomaba cursos de dibujo.
Más tarde esta pasión lo llevó a estudiar pintura en la Academia San Fernando de Madrid en España, donde permaneció por un año para luego retornar a la Casa de Octavio Méndez Pereira para hacer su primera exposición de acuarelas, producto de su gira por España.
Luego de recibirse de Arquitecto en 1952 y de participar en varios concursos, retorna a España en 1954, para asistir a la Escuela de Cerámica de La Moncloa, formación que más tarde le servirá para fundar el conocido Taller de Las Guabas en la Universidad de Panamá, donde se dedica junto con estudiantes a rescatar y elaborar piezas de arcillas y cerámica.
La obra de Guillermo Trujillo continúa desarrollándose con gran fuerza hasta la fecha. Realizó exposiciones en galerías de España, Estados Unidos, Costa Rica, Colombia, Puerto Rico, Perú, San Paulo y México, donde presenta trabajos con los mismos parámetros como lo ha venido haciendo por los últimos cuarenta años: con valores muy latinoamericanos, muy panameños y, sobre todo muy al estilo Trujillo, que lo han definido como uno de los exponentes más importantes del arte latinoamericano contemporáneo.