El género fílmico de los desastres ha evolucionado bastante. En los años 70 solo se limitaban a edificios, monumentos o medios de transporte masivos. Pero desde finales de la década pasada, el campo de destrucción ha aumentado considerablemente, y ahora pareciera haber competencias entre directores por ver quién destruye y de forma original la tierra. En la opinión de este humilde escritor, Alex Proyas, se lleva el premio con su última película. Pero Roland Emmerich no se queda atrás y parece que fue tomando experiencia con estos años, y ahora su más reciente película y tercera en el tema de los desastres, nos vuelve a sorprender en lo visual, aunque en la parte de la trama, la historia sea más atole de los mismos, incluyendo, claro, a un perro que (como en sus anteriores cintas), sabe cómo sobrevivir a un desastre de proporciones apocalípticas.
En el año 2009, los científicos, geólogos, (y con ello, los líderes mundiales) han descubierto con horror que el mundo próximamente va a tener un cambio en su estructura, y durante los 3 años venideros se preparan para ese día. Cuando finalmente llega la fecha en el año 2012, y debido a una alineación planetaria que ocurre cada cierto tiempo, los polos de la tierra empiezan a moverse y a reajustarse, lo que ocasiona una serie de poderosos cambios en todo el planeta que van desde gigantescos terremotos que se salen de toda escala, supervolcanes que abarcan miles de hectáreas, hasta impresionantes megatsunamis que cubren las montañas.
En medio de toda esta destrucción (y como es habitual en las películas de Emmerich), no vemos una historia a seguir, sino varias: un escritor que por un accidente del destino se entera de esta catástrofe a tiempo e intenta salvar a su familia, un billonario ruso que tiene garantizada su supervivencia y la de sus hijos, el conflicto científico y moral de un geólogo que sabía con tiempo de todos estos cambios importantes, y la no menos importante participación de 2 hermanos de origen chino que también quieren salvar a su familia. Las vidas de todos se enlazarán en algún punto, y de una u otra forma formarán parte en el complejo drama.