Variedades

28 de noviembre


Yo no tengo del vate afortunado
ni el estro, ni la voz, ni la armonía,
para cantar tus glorias, ¡patria mía!,
y tu nombre y tus héroes bendecir.
Mas si no sé pulsar el arpa de oro,
ni arde en mi sien el numen soberano,
yo tengo un corazón americano
que sólo por tu amor sabe latir.
Por esto, al recordar que destrozaste
el yugo a que un tirano unció tu frente,
tu oprobio olvido en mi entusiasmo ardiente,
para romper, de gozo, mi laud,
pero, ¡ay! a mi pesar viene a mis labios
un recuerdo que traigo a la memoria,
de esa sangrienta, criminal historia
de tu pasada, negra esclavitud.
Aín me parece que te miro esclava,
aherrojada entre grillos y cadenas,
y que un eco no encuentras a tus penas
sino del hierro en el ingrato son;
que sueñas Libertad en tus ensueños;
que gritas ¡Libertad! en tu agonía,
y que al nacer la luz del calor día
disipa tu esperanza y tu ilusión!.
¡Oh!, se apagaba el horizonte hermoso
que el mundo de Colón miró en su cuna,
y ya sólo, al fulgor de opaca luna,
contemplaba horroroso el porvenir
cuando de pronto se tornó el gigante,
alzó la frente y proclamó la guerra,
silvó la tempestad, ardió la tierra
y dio principio el fiero combatir.
Larga, tenaz, sangrienta fue la lucha
que sostuvieron con ardor los bravos
que en héroes convirtiéronse, de esclavos,
para legarnos Libertad y Honor;
pero al fin ayudó su obra de gloria
del mismo Dios la poderosa mano,
y en la frente sañuda del tirano
rompieron sus cadenas con furor!
¡Fue una lucha de dioses! Lucha santa,
en que arrancaba un pueblo sus derechos,
que ultrajados miró, rotos, deshechos
en el nombre de Dios y de la Cruz!.
Mas huyan de mi mente esos recuerdos
al recuerdo glorioso que hoy me inflama,
hora que un sol de libertad derrama
cobre este suelo su brillante luz.
Y tú, Bolívar. ¡Dios de la Victoria!
Tú cuyo aliento devolvió la vida
a esta Patria otro tiempo envilecida;
tú, que de un mundo fuiste Redentor,
¿por qué no vienes a animar tu sombra
y en sus pupilas a encender el fuego,
hoy que este pueblo, de entusiasmo ciego,
alza a la Patria cántiga de amor?.
¡Ah!, te comprendo, espíritu divino!
Duerme en ti pesaroso un pensamiento;
cuando un ángel te alzaba al firmamento,
viste al borde a Colombia del no ser.
Colombia, la Colombia de tus sueños,
la que llenara al mundo con sus glorias,
ya sólo deja plácidas memorias
más nunca llegarán a perecer!.
¡No! Que si un tiempo la Discordia impía
A pueblos dividió que eran hermanos,
siempre esos pueblos fueron colombianos
y a través de los siglos lo serán.
¡Y si los vieras hoy! ¡Si tú los vieras!
¡Otra vez por Colombia ya se unieron,
y en su nombre querido se ofrecieron
que juntos han de ser o morirán!
Sí, ¡Padre de Colombia! Ven y mira
las naciones que hiciste con tu espada,
naciones que sacaste de la nada
como sacara Dios su Creación.
¡Ven y míralas cuán gigantes crecen,
y dales otra vez tu bendición.
Que si no van en busca de laureles
hora al campo inmortal de la victoria,
otros laureles ciegan, otra gloria,
a la sombra feliz de la alma Paz.
Ya no hay aquí señores ni tiranos
contra quienes erguir la fuerte lanza
A la horrísona voz de la venganza
siguió un grito de unión y de solaz.
Hoy abren estos pueblos a los pueblos
el que Dios les brindó, suelo fecundo,
y el Mundo de Colón y el Viejo Mundo
en breve un solo pueblo formarán.
Tuya es esa obra grande y redentora,
lazo del Orbe, templo del Océano:
En ti los hombres, Istmo Americano,
juntos a Dios adoración darán.


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211154
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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