El árbol se ha convertido en el símbolo más universal de la Navidad: en su forma más esquemática, un triángulo adornado con luces y regalos. Es un símbolo sagrado y majestuoso, de los pueblos del norte de Europa.
En España el árbol se consideró durante muchos años como una abdicación de los valores autóctonos, de signo inequívocamente cristiano: por eso fue combatido desde todas las instancias.