Va a estar muy difícil que funcione el “Primer campeonato internacional de baile” de “Bailando por un sueño” . ¿Por qué? Porque la televisión está saturada de concursos de talento, canto y baile, porque en Televisa se ha abusado demasiado de las figuras de Adal Ramones y Latin Lover y por la singular combinación de países participantes (¿por qué sólo esos y no otros?).
Además, porque está muy mal diseñado, porque sobre “Bailando por un sueño” pesa el fantasma de varios formatos extranjeros que sugieren una especie de plagio, y lo peor de todo, porque se supone que este programa sí va en serio.
¿Cómo van a corregir la decepción del público? ¿Qué van a hacer cuando pase la novedad y se les caiga el “rating”? ¿Se van a exponer a meter a Televisa en problemas con las embajadas de Colombia, Eslovaquia y Costa Rica?
Es tan obvio que nadie sabe qué hacer con este festival, que en el programa uno hubo momentos en que Adal Ramones se quedó sin palabras.
Claro, no faltó una juez patética que se puso a imitar a Roberto Mitzuko o una bailarina que se quiso pasar de chistosa para caerle bien al público.
Por si esto fuera poco, el nivel de los bailarines de esta cosa es como de “¿Quién tiene estrella?” ¿Esos son los mejores bailarines de Ecuador, Paraguay y Panamá?
¡Caray! Había unos que más o menos se defendían, pero otros que sólo vinieron a México de vacaciones porque ni dominaban las técnicas, ni tenían buena comunicación entre ellos ni aplicaban la más mínima creatividad en sus coreografías.
Álvaro Cueva es el periodista y crítico de espectáculos más respetado de México, Jurado de los Premios Emmy.