Gritos de euforia, llanto, desesperación y tristeza. Todas estas sensaciones las hemos experimentados quienes hemos seguido de cerca cada partido de la Copa del Mundo 2006.
A estas alturas de la contienda ya tenemos a los grandes. A los de siempre, a esas potencias deportivas que han hecho suyo el fútbol. Francia, Italia, Alemania, y coladito, pero bien merecido, la gran sorpresa portuguesa.
Y es que el fútbol es así. No es para el que mejor juega, sino para el que más goles anota.
Así fue como los 32 equipos llegaron a Alemania, iniciaron la clasificación en los grupos correspondientes, y de la A hasta H, dejaron lo mejor de su arte en la cancha.
La fanaticada, muy emocionada, y como en la guerra se armó con provisiones. Gorras, suéteres y todo accesorio representativo , a los colores de la bandera de su país se hicieron presentes. La consigna era apoyar.
Miles de latinos viajaron al país europeo sede de la Copa del Mundo para demostrar que su selección no estaba sola. Gritos, aplausos, trompetas por doquier, cada quién se las ingenió para animar al suyo.
Todo es un carnaval de colores. Como siempre Argentina y Brasil, los grandes representantes de nuestro fútbol, tenían en las gradas a una fanaticada entregada, alegre, bulliciosa y optimista. Se fueron, sin pena ni gloria; con más pena que gloria.
Una sabor amargo nos dejó Brasil. No vimos brillar ni mucho menos titilar a uno de sus astros. Presenciamos un equipo anémico, que a pesar de contar en sus filas con los mejores, nos dejó con las ganas de ver ese admirado fútbol brasileño que a ritmo de zamba enloquece a multitudes.
Sacó la cara Argentina. Luchó con valor, con hidalgía, hizo su mejor fútbol. Pero todo ese esfuerzo fue en vano. Es que este deporte no perdona, juegas bien y pierdes, porque no es suficiente, si no metes los goles.
Figuras estelares, artistas, los prometedores cuerpos, los rostros más bellos y los mejores jugadores cada uno desfiló por esa alfombra verde; escenario central de gladiadores y en donde uno a uno, como en las antiguas cruzadas, dejó el alma, las lágrimas, el sudor y en casos más extremos, la amargura que deja la derrota.
Se valió todo en esta fiesta. Comprar un teléfono móvil con promoción, o una papas fritas, concursar y patear balones para llegar a ver de cerca el espectáculo. A pesar de la distancia, los panameños no nos quedamos atrás y ondeamos nuestra bandera en el magestuoso Zentralstadion, en el partido España-Ucrania.
Es cierto que nuestra amada Marea Roja no llegó a esa cita. Pero, el solo hecho de ver la insignia patria en Alemania, nos hacía sentirnos orgullosos de nuestro naciente y pujante fútbol, de nuestra panameñidad.
Con México y Ecuador nos cayó el primer grito de dolor, un desgarro en el corazón, una rotunda muerte y pocas oportunidades de tener la hermosa copa dorada en el continente americano.
La comunidad latina tambaleó, porque los nuestros se quedaron chicos.
Una Alemania fuerte se veía ya en las semifinales, sin contar con que Italia no dejaría escapar la oportunidad. En los últimos dos minutos italia se creció, apabulló a los locales y en un abrir y cerrar de ojos, dos goles mortales les quitaba el sueño, mataban la gran ilusión.
Con una mirada triste y lágrimas en los ojos, nos negamos muchas veces a aceptar estas despedidas. El mundial acabó para muchos, y es que fútbol sin latinoamericanos no es fútbol. Hace falta el "joga bonito" de Brasil, y el estilo único de Argentina.
Alemania 2006 se despide. La fiesta que había iniciado con los 32 de todo el mundo se quedó en Europa.
Los grandes y gloirosos tiempos en que Maradonna brilló, Pelé enamoró, y un Kempes definió, regresaron a la mente de todos los seguidores, de los amantes del fútbol.
Nos queda esperar Sudáfrica 2010. Con la misma pasión, alegría y cariño. Tal vez ya no esté un Ballack, Ronaldo, Zizou, el Ratón Ayala, Figo, Rafa Marquez, Beckham, Kasey Keller, pero de seguro que las promesas que nos dejaron este mundial se consolidarán para el próximo y brillarán con luz propia.
Para un amante del fútbol no importa cuántas veces caigas sino cuantas te levantes. Volveremos como dice la canción, pero en esa ocasión esperamos que nuestro país esté entre los 32, aunque lleguemos solo a la primera ronda, lo importante es concursar, estar junto a los grandes.
El fútbol es una fiesta que une multitudes y apostamos nuevamente por volver a gozarlo y a gritarlo con la misma fuerza que en esta ocasión. Nos vemos en Sudáfrica 2010.
Adiós a la pasión
Euforia, alegría, tristeza y lágrimas nos ha dejado Alemania 2006. La fiesta se acaba, la experiencia es aleccionadora, y hay un sólo ganador: El fútbol.