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Agustin Del Rosario se confiesa

Este capitalino de 65 años, enemigo de las lisonjas, quien habla sin rodeos y le gusta que hagan igual, del cual sus estudiantes opinan que es "un excelente profesor", no le parece bien que se cosifique al hombre ni que unos individuos usen a otros como escalones para satisfacer intereses personales.


HOMBRE honesto, radical, que se calificó como "un tauro insoportable", materialista pero con una vida espiritual profunda, que mata por las hamburguesas, odia cocinar y cuyos compañeros de apartamento son Max, "un boxer divino", un perico y un loro, así es el Prof. Agustín Del Rosario, Premio Victoria 2005 a la Excelencia Periodística, otorgado por la Universidad Santa María la Antigua.
Con una trayectoria de cerca de tres décadas en la docencia universitaria, nuestro colega y autor de la columna Diorama, de la revista Siete, que circula los domingos con Panamá América expresó que "estoy en contra de este tipo de premios, porque a uno no lo pueden premiar por lo que debe hacer. Escribir bien, responsablemente, es mi deber". Y lo ha hecho día a día, consciente del alcance de las palabras: construyen o destruyen.
"Si tengo tres ladrillos y puedo construir un palacio o una mazmorra hago el palacio con ellos". Una frase de nuestro interlocutor que habla claro del tipo de persona que es: amigo de sus amigos, asertivo, enemigo de la soberbia, sensible, nada rencoroso, que ve en cada vivencia una oportunidad de crecer..
"Uno nunca se jubila de la vida. La vida lo jubila a uno. Uno lo que hace al jubilarse más que irse es apartarse un poco. Si yo estoy formando a otros tengo que dejar el campo libre. Si todos los viejos nos quedamos cuando tenemos que irnos cuando nos toca la puerta el tiempo, cuándo tendrán oportunidad los otros. Lo que no soy es egoísta, de quedarme por encima del otro".
"No creo que nada justifica los medios. Creo que los medios van creando un fin", plantea Del Rosario, quien se considera una persona radical, aunque, trata de luchar contra eso, aunque le cuesta.
"Soy muy paciente. Creo que debo de tener algo de árabe. Soy de los que me siento a esperar que pase el cadáver del vecino. Soy muy buen amigo de mis amigos y soy más bueno con mis enemigos. Es una virtud mía".
"Si alguien me hace algo que pudiera herirme, al momento puede ser que me disguste, pero, rápidamente perdono, pues no vale la pena cargar huesos encima. Yo no soy enemigo de los demás, los demás son enemigos míos. Un amigo es algo grande. Uno no escoge a la familia, pero sí escoge a los amigos".
"Desde siempre me interesó el periodismo, porque yo quería escribir bien me matriculé en la Escuela de Español. Tengo toda la carrera completa. No aprendí a escribir he aprendido a corregir a los demás para que escriban bien. Usted aprende a escribir leyendo a la gente que escribe bien: Cervantes, el mejor ejemplo. Leyendo es que se aprende a decir las cosas más profundas con la menor cantidad de palabras. La persona que no lee no escribe".
Se ha afanado por preparar a sus estudiantes para la vida, que no es nada fácil. No se ha quedado su aporte en ayudarlos aprenderse el contenido de un curso y pasar de año. Es un convencido de que es su responsabilidad "hacerlos críticos y acostumbrarlos a la vida. La universidad para mí tiene que acostumbrar al estudiante a lo que va a encontrar en la vida: gente exigente, responsabilidades que no se pueden posponer, a las que no se les puede dar la espalda. El trabajo que es para hoy es para hoy. Se van a encontrar gente ruda, lo que menos encuentra en la vida es gente fácil".
"Un profesor no es ni el tío ni el padrino del estudiante". Estima que hay que ver al estudiante como otro colega, como otro profesional. "Soy de la idea de que uno siempre recuerda a la gente que le exige porque nos obliga a no ser ignorantes. Quiero que mis estudiantes sean críticos, que todo lo pongan en tela de dudas. Mis exámenes siempre son subjetivos, para que interpreten".
Le da importancia a la gramática. En sus cursos les corrige a los estudiantes la gramática cuando escriben algo. Una y otra vez. Me siento en la obligación de corregirlos. Aprendo corrigiéndolos. Les digo "yo existo por ustedes".
No importa que la sociedad vaya creciendo y haya paradigmas que vayan cambiando, también los hay atemporales, como ser honrados, ser leales, ser justos.., analiza, y admite que no cree en absolutismos, mas bien, en que todo es relativo. Por ello aunque no justifica, entiende algunas conductas de la juventud que son señaladas con dedo acusador por otros grupos generacionales, que se olvidan que el contexto varía y el peso del ambiente es básico.
Plantea que los valores son los que van cambiando. Por ejemplo, "ser honesto, hoy día no es lo mismo que otrora. Hay circunstancias diferentes. A la gente joven se le acusa de que caen en las drogas. No toman en cuenta el contexto actual. Es mucho más peligroso. No le ayuda. Mina los valore en ellos. A nosotros creo que el ambiente nos ayudó, encontramos una tierra abonada. La gente joven no tiene modelos a seguir no tienen paradigmas. En qué tierra abonada va a florecer?", puntualiza.
Añade que antes la doble moral era censurada, la señalábamos y estaba oculta. La mano izquierda no sabía lo que hacía la derecha. "Hoy la doble moral es posible, lo cual es más peligroso. La vemos como correcta. Hoy en día se sacan las dos manos. En el fondo estamos creando estereotipos y acostumbrando a la gente a vivir en medio de estereotipos. Por ejemplo, hay que votar cada 4 años, aunque el que salga electo vaya a robar".
Empeñar la palabra es también asunto del pasado. "Nos hemos acostumbrado a que usted prometa y no cumpla nada. Estamos haciendo de los estereotipos cosas permanentes".
La vida de Agustín Del Rosario es muy tranquila. No tiene Internet ni celular. Es un convencido de que la tranquilidad no tiene precio. Odia cocinar. Las carnes blancas (en barbacoa) le encantan. No le gustan las cosas fritas. No es muy dulcero. Le matan las hamburguesas, aunque para él la comida perfecta es una buena ensalada.
Leer es su pasión. Claro, aparte de escribir. En su apartamento usted podrá ver libros a medio leer en el baño, la recámara, la sala.. Suele leer varios simultáneamente. Para él cada día es una oportunidad de explorar, crecer, aprender, lleno de opciones para hacer cosas interesantes.
No le gusta hablar por teléfono. Sí le gusta escuchar a la gente. "Siempre estoy aprendiendo algo", dice. La gente suele contarle sus problemas y pedirle consejo. Y él "me meto a tal punto en su problema que acabo viviéndolo más que usted. Yo creo mucho en la honestidad de la gente". Pero ha tenido que tragar amargo por ser tan buena gentte con la gente mala. Sin embargo, como él es sensible y de buen corazón, vuelve a confiar en la gente. De nada le sirve repetirse, para tratar de convencerse, que: "La gente no es tan mala como parece, es peor".
"Yo siempre hubiese querido ser padre de muchos. Me hubiera gustado haber ayudado a vivir a varios".
¿Que es a lo que más teme usted? "A vivir demasiado. A lo demás no, porque las personas que "aparentemente" me han podido hacer cosas que me han herido las he perdonado y olvidado sus agravios. Tengo una gran capacidad de olvidar.
Fue hijo único hasta los 24 años. Su madre, Aminta, oriunda de Las Tablas, no se andaba con paños tibios ni consentideras. ¿Él se caía? "Te paras tú solo. Tú eres hijo único", le decía. Tiene un hermano, pero Agustín no soporta vivir con nadie. "Lo mío es mío", enfatiza.
Es categórico al afirmar que "la vida no podemos vivirla con fórmulas, cada uno la vive a su manera".
Agustín Del Rosario es abanderado de la justicia, la democracia (aunque dice que hay que manejarla con mano dura) y predica que cada ser humano, por muy "aparentemente insignificante" que se sea, tiene un valor y hay que respetarlo.
Sus alumnos son mucho más que un número de cédula, que un nombre y un apellido a secas.
Son seres humanos con un pasado, un presente, que viven en un contexto determinado, piensan de una manera particular, a la cual tienen derecho porque son diferentes unos de otros, tienen virtudes y defectos, planes.. Y siente que en el aula (y aun fuera de ella, con un consejo, siendo un interlocutor que los escucha atentamente y con empatía), puede tener un protagonismo importante en ayudarles a estar listos para enfrentar la vida con todos sus desafíos y salir airososos.
Ser humildes es lo que aconseja Agustín Del Rosario para triunfar. Y, he aquí que se lamenta de que la nuestra no es una sociedad humilde. "Todos somos Agustín de Panamá. Rosalina de Panamá. Aquí nadie es Agustín de Sabana Grande. Cada vez que nos critican nos resentimos. Si fuéramos humildes reconoceríamos los méritos de los demás. Somos muy soberbios como sociedad. Cada político, cada presidente de sindicato, cada líder, quiere decir la última palabra. La falta de humildad lleva a la soberbia y a la falta de tolerancia".


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197583
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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