UN BESO de Diego Rivera en la cama del Hospital Inglés y el recuerdo de una invitación para comer en el campo son, entre otros, fragmentos del mundo de Frida Kahlo que revive con cartas y fotografías la exposición que México dedica a la artista en el centenario de su nacimiento.
Más de un centenar de fotografías, alrededor de cincuenta cartas y diversos documentos testigo de su militancia política resucitan estos días en el Palacio de Bellas Artes capitalino la memoria de la pintora.
El material es parte de la mayor exposición sobre Frida (1907-1954) jamás exhibida, con más de 350 piezas entre óleos, dibujos, grabados, cartas y fotos, llegados de 70 colecciones e instituciones en diversas partes del mundo.
"Hasta el momento las cinco opiniones que he tenido son las mismas: amputación. Solamente varía el lugar de la amputación", escribe pesarosa Frida en una carta a su doctor, "su querido doctorcito", sobre el estado de su gangrenada pierna.
En la misiva, colgada del techo por hilos metálicos y embutida en un cristal, como el resto, la pintora lamenta no poder ir a Estados Unidos a recibir tratamiento, entre otros motivos por el alto coste del viaje.
"Odio pedirle dinero a Diego", narra Frida en ella, fechada en 1952, consciente de que "el peso vale mierda" y supondría un gran esfuerzo, mientras siente que está "vegetando como una col" montada en la cama.
Pero también se puede ver a la Frida más vital y defensora de la causa comunista, ataviada en fotografía con un corsé con la hoz y el martillo, reproducido en escayola junto a la imagen, o en una reunión en una hacienda con Leon Trotsky, su amigo.
Su activa militancia izquierdista queda reflejada en documentos como la invitación del embajador de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas a una recepción en 1953 o un citatorio del Partido Comunista mexicano para resolver el "problema central" de la difusión de su periódico "La Voz de México".
Mientras su amor el muralista Diego Rivera sostiene la paleta de colores y pinta "La guerra de Corea", Frida, en silla de ruedas dentro y fuera de la pieza, le observa seria y expectante.
En otras imágenes, la pintora aparece acompañando al poeta francés André Bretón, sentada al aire libre con un vestido chino y fumando en su casa o, en su foto más famosa, tomada en San Francisco (EE.UU.), sentada en una silla con Diego de pie.
"A pesar de que me interesa muchísimo todo el desarrollo industrial y mecánico de los Estados Unidos, entiendo que le falta completamente la sensibilidad y el buen gusto", relata en 1931 a su doctor. Con una exquisita caligrafía la pintora se dirige de forma muy cariñosa a sus interlocutores, especialmente a su marido Diego, a quien llama "niño de mis ojos" o "niño mío".
El adiós final a la artista, velada hace 53 años en el mismo Palacio de Bellas Artes que acoge ahora la exposición sobre ella, está también plasmado en fotografía, con un Diego Rivera de luto.
La página de un diario muestra la imagen de Frida en el féretro, con la expresión de quien duerme tras soportar mucho cansancio.
"El emblema de la clase trabajadora revolucionaria no significó para nadie obstáculo alguno", indica el rotativo respecto a la bandera comunista sobre el ataúd.
No obstante ello le valdría al entonces director del Palacio Nacional de Bellas Artes, Andrés Ituarte, el cese fulminante un día después de aquel acto luctuoso.
Al descubierto los últimos 350 secretos de Frida Kahlo
Óleos, grabados y correspondencia nunca antes vista se exponen en el Palacio de Bellas Artes en México.