Hay que educar los sentidos para que con ellos se aprenda a desarrollar sensibi-lidad por las artes. En el caso de los ojos, cuando se aprende a apreciar la hermosura y mirar más allá de lo aparente, hay cabida para el encuentro con la verdadera belleza que está allí, en el mundo, de diversas maneras, esperando que ojos ávidos se adueñen de ella. Así opina la Sra. Hélène Breebaart, reconocida diseñadora francesa, de la Boutique Breebaart, radicada en nuestro país hace cerca de dos décadas.
“Lo anterior no será posible si no hay un encuentro temprano con el arte y una va-loración de lo genuino de la vidaâ€, planteó y procedió a añadir que “eliminar las clases de arte es un error. Hay que despertar los sentidos. Aprender a dominar tu mano en primera perspectiva†y esto no se logra de la noche a la mañana.
En su boutique la Sra. Breebaart trabaja con mujeres kunas que confeccionan molas, bordan y hacen otras labores ma-nuales y de esta forma colaboran en la confección de hermosas prendas de vestir, cortinas, cuadros y otros ornamentos.
Ella recomienda despertar los talentos dormidos, el potencial de cada niño y niña. “Desde que era chiquita empecé a visitar museos y galerías de arteâ€, manifestó.
“Crecí entre pinceles. Recuerdo que yo tenía 10 ó 12 años e íbamos a visitar los museos y a los concursos de jazz en la mañanaâ€, agregó la Sra. Breebaart.
Precisamente porque siente que las mujeres kunas trabajan con tanto esmero y delicadeza en la confección de las molas, labor que les toma tiempo y requiere paciencia y mucho tesón, le preocupa que no se les motive lo suficiente para que mantengan esta tradición cultural, porque las molas son artesanías bien vistas y va-loradas en cualquier parte del mundo. Y en el arte de hacer molas la maestría de las kunas es insuperable.
A raíz de esta inquietud ella y la Dra. Pascale Jeambrun, etnóloga francesa, que trabaja en Panamá en una investigación sobre el problema del albinismo entre la población de San Blas, tuvieron la iniciativa de organizar un Concurso de Mola basado en la leyenda de SIBU.