El director de “Quiero Matar a mi Jefe” y “Una Navidad sin los Suegros” llega con esta comedia sin demasiadas pretensiones y un guion marcado por los estereotipos que triunfa gracias a la fórmula compuesta por Jason Bateman y Melissa McCarthy.
Sandy es un ejecutivo de cuentas de una importante empresa, tiene dos hijas y su esposa espera un tercer bebé. Cuando le ofrecen un puesto más importante en una nueva empresa, Sandy acepta; sin embargo, el primer día en la nueva oficina es acusado de no haberse presentado ante un juez tras haber violado la libertad condicional después de una pelea en un bar.

Pronto queda demostrado que la culpable es una mujer que le ha robado virtualmente la tarjeta de crédito haciéndose pasar por Sandy, aprovechando la ambigüedad sexual del nombre. La única forma de demostrar su inocencia y que no lo despidan del trabajo es llevar a Diana, la ladrona de tarjetas, y entregarla a la policía local.
Planteada como una clásica road/buddy movie, “Ladrona de Identidades” es una comedia liviana, cuyo mejor sostén es la relación que tienen el tranquilo Sandy con la alocada Diana. La química entre los intérpretes, Jason Bateman y la actriz, nominada al Óscar por “Damas en Guerra”, Melissa McCarthy es el punto relevante de la historia.

En medio del viaje, los protagonistas se encontrarán con diversos personajes que les complicarán la existencia. Desde un cazafortunas bastante desaliñado a cargo de Robert Patrick (el T1000 de “Terminator 2”) hasta un vaquero racista que interpreta el comediante Eric Stonestreet.
Ninguna de las subtramas y de los personajes secundarios le terminan aportando algo original a la película que tiene varios minutos de más. Si bien, evita caer en golpes bajos o momento sentimentales, las múltiples historias que se van cruzando a la de Sandy y Diana se van perdiendo en el camino, sirviendo únicamente como decorado del conflicto central entre los dos protagonistas que empiezan siendo enemigos, y que poco a poco se van entendiendo.

El director Seth Gordon intenta incluir una moraleja acerca de la discriminación y el prejuicio ante el primer concepto que se tiene de la imagen de una persona, y cómo la apariencia no define a la misma; y acerca de la importancia de tener una identidad propia, única.