Las campanas de bodas ya se escuchan en Mónaco. El príncipe Alberto decidió sellar de una vez por todas su amor con la atleta, Charlene Wittstock, a quien entregó un hermoso anillo de diamantes, para siempre, sellando así su promesa de amor eterno.
Registra el sitio hola.com que el hermano de Carolina y Estefanía eligió para la reina de su corazón una de esas joyas que dejan constancia de la intensidad de los sentimientos de quien lo regala; uno de esos que susurran mil y una veces “te quiero” a su dueña, y uno de esos que no pasan a nadie desapercibido por el gran tamaño de la pieza y por el centelleante brillo de las piedras preciosas.
El compromiso fue anunciado por el palacio sin especificar la fecha del enlace, aunque según el protocolo, lo adecuado es esperar seis meses, luego de darse la noticia.
La pareja se conoció en el 2000, cuando Wittstock viajó para competir en Mónaco, donde radica desde el 2006. Antes trabajó como maestra y ahora se convertirá en princesa.
El matrimonio será el primero de tal magnitud, desde que la actriz Grace Kelly se casara con el príncipe Rainiero III, padre de Alberto, en 1956.