Los matrimonios y las relaciones sentimentales son difíciles de por sí: pensamientos, gustos y creencias, que en convivencia, hasta para elegir qué comer puede originar un problema. Ahora, imagínese si añadimos religiones distintas.
La religión, si es fuerte, es tan importante que influye en todos los ámbitos de la vida: vestimenta, trabajo, alimentación, comportamiento, etc.
Panamá está lleno de católicos, evangélicos, budistas, santeros, entre otros, y como bien dicen, “los polos opuestos se atraen”, pero ¿se puede tener una relación estable con una persona que tiene creencias diferentes a las tuyas?
La respuesta es sí, pero alguien deberá ceder, así lo expresó el psicólogo Fernando Javier Gómez.
En cuestiones de religión, en Panamá impera una regla: los clanes no se juntan, pero aun así no es imposible, porque los principios básicos de cada uno de ellos están orientados al amor y la paz, mencionó el experto.
Afectaciones
Así como el fútbol, la religión es un tema apasionante para muchos, por lo que si dos personas conviven juntas y no profesan lo mismo, puede existir tensión y muchos roces con connotaciones de cuidado, aún más si provienen de familias y entornos con creencias firmes. “Quizá los enamorados no se juzguen o discriminen entre sí, pero su entorno, amigos y familiares sí, lo que crea en ellos presión”, dijo Gómez.
La crianza de los hijos también será un motivo de conflicto. Muchas de las normas de comportamiento son radicalmente opuestas y afectan completamente la manera de vivir. En esta etapa (hijos) es cuando surgen discusiones como: ¿Se bautizará?, ¿le haremos circuncisión? (niños), ¿debe ir a misa los domingos?
Para el experto, las creencias no deberían atar al hombre, deberían liberarlo para buscar la felicidad, “la fe se debe profesar de la forma que más se considere”.
¿Cómo hacerla funcionar? La madurez y la tolerancia juegan un papel fundamental, pero uno de los dos siempre tendrá que ceder y ese será el que menos esté comprometido con su congregación.
También se debe buscar un punto medio, en el que profesar la fe no se convierta en fanatismo y liquide cualquier posibilidad de convivencia. “Algunas personas no profesan su fe con amor, sino con una pasión desmedida, y si tu pasión por la religión excede el amor que sientes por la otra persona, esa relación no caminará”, dijo Gómez.
Lo ideal sería elegir a alguien de la misma religión, pero nadie elige de quién se enamora.
Si durante la etapa del noviazgo, que es cuando se debe conocer a la pareja y analizar cómo sería la vida al lado de esa persona, aún más si es de otra religión, decidiste empezarla con este tipo de situación, no trates de convertir a tu pareja o imponerle tu religión, esto genera demasiado estrés en la relación. Lo importante es que exista el respeto y entendimiento entre ambos.
Recordemos que una pareja se basa en sacrificios. Pero si de repente tu pareja se unió a una religión que ejerce conceptos totalmente opuestos a los tuyos, debes analizar si realmente vale la pena la convivencia.
Motivo de divorcio
Si es un detonante de divorcio, no quedará estipulado como la causa del divorcio. Durante el proceso, en el mutuo acuerdo, se alegan diferencias irreconciliables.
Las diferencias de creencias generan tal estrés, que otros aspectos de la familia se van deteriorando y surgen nuevos inconvenientes.
Si no se está conforme con la pareja, esto da pie a la infidelidad, violencia doméstica, económica y psicológica.