La mayoría de los niños pequeños muestran curiosidad y entusiasmo ante la posibilidad de leer y escribir. De hecho, cuando pasean por las calles con sus padres, reconocen letreros de restaurantes, supermercados y los logos de sus bebidas favoritas, entre otros; toman libros y revistas simulando que leen; garabatean las paredes de la casa en sus intentos por escribir y expresar significados.
Los niños están rodeados de textos y de materiales impresos bien sean letreros, revistas, libros, manuales, periódicos, anuncios, etc. Ellos intuyen que leer y escribir son procesos importantes que implican comunicar. Luego entonces, la curiosidad, el interés y el placer que los niños desde pequeños muestran por la lectura y la escritura deben ser promovidos y reforzados para que así como durante la infancia se apropian en forma natural y espontánea de la lengua oral, así mismo se apropien de la lengua escrita al percibir del medio que les rodea que leer es comunicar; que es un medio para adquirir información; que es conocer procedimientos para alcanzar un resultado; que es tener acceso a advertencias, al contenido de un contrato o de un reglamento; que es placer y es diversión.
Los niños deberán inferir que la escritura sirve para comunicar ideas, sentimientos, necesidades; para plasmar por escrito la fantasía y el mundo imaginario que llenan el espíritu y la sensibilidad de los seres humanos, para compartir el mundo interior que llevamos dentro con nosotros mismos y/o con otras personas.
Si desde pequeños reciben en el hogar y en la escuela mensajes positivos y sensaciones agradables en torno a la lectura y a la escritura; si los niños logran inferir que leer y escribir son instrumentos de poder y de creación, no tendrían entonces, por qué no desear hacer uso de tan valiosa herramienta.
Resulta obvio que las modalidades comunicativas que predominan en la transmisión de información y en la adquisición de conocimientos en el medio social y en el aula escolar en particular son: escuchar, entender, hablar, leer y escribir. No cabe duda entonces de que comprender lo que se lee a un nivel de independencia; producir y crear (no reproducir ni simplemente decir en otras palabras) textos con autonomía, son habilidades claves para el éxito escolar y para progresar en la vida. Entonces, ¿por qué no sentar las bases y ayudar a construir los andamiajes para que todo estudiante aprenda a leer y a escribir en el sentido real de estas palabras?
Leer no es simplemente descifrar y escribir no es tener una buena caligrafía: "Leer es construir significado y escribir es producir texto". No existe duda acerca de las posibilidades ilimitadas y de las ventajas de quienes desarrollan estas habilidades frente a quienes no lo logran.
Debemos tomar conciencia de que los tiempos actuales invadidos por el mundo de la imagen, logran acaparar y en ocasiones desconectar en una actitud pasiva a nuestros niños desde edades tempranas. La televisión y los videojuegos, entretenimientos predominantemente visuales, constituyen competencia importante e influyente en la actitud que los niños generan frente a la lectura y la escritura, actividades éstas que además gozan del rechazo de niños y jóvenes por estar asociadas a las tareas escolares y a situaciones que a los niños les resultan desagradables, impuestas y aburridas.
Los padres y los educadores tenemos que hacer cambios en el abordaje de la enseñanza de la lectura y la escritura. Deberemos ser innovadores, creativos y apoyar la práctica pedagógica en estrategias fundamentadas en teorías constructivistas (Piaget, Vigotsky) que nos permitan ser mediadores eficientes para que nuestros niños y niñas, jóvenes y adultos aprendan a leer y a escribir ¡de verdad¡