No hay deportista que se precie que no esté mínimamente interesado en la nutrición, pues hoy en día existe suficiente información para saber que la alimentación juega un papel importantísimo en el rendimiento deportivo.
Este hecho ha llevado, en muchos casos (demasiados en mi opinión), a realizar modificaciones dietéticas hasta extremos peligrosos y, al mismo tiempo, absurdos.
Continuamente se buscan "atajos" para mejorar la forma física y, por ello, muchos (personas y empresas) ven la posibilidad de enriquecerse fácilmente a costa de estas ilusiones. Además, desde hace años, Internet ofrece el escaparate ideal para promocionarse.
El mundo del deporte ha estado desde siempre rodeado de mitos y leyendas sobre productos milagro y dietas maravillosas que raramente son eficaces y que, muy habitualmente carecen de evidencias clínicas o científicas que muestren un funcionamiento eficaz y seguro.
Este tipo de prácticas pueden llegar a poner en serio peligro la salud.
Aunque a algunos les guste pensar lo contrario, la alimentación del deportista aficionado tiene, en general, las mismas características que para la población no deportista. El deportista tiene las necesidades energéticas aumentadas.