Feminista hasta la médula y defensora de los derechos de la mujer desde muy joven, Isabel Allende ha creado personajes femeninos inolvidables en algunas de sus obras y vuelve a hacerlo en "Retrato en sepia", la nueva novela de esta escritora chilena en la que el poder de la memoria preside sus páginas.
"No sé si soy valiente como algunos de mis personajes, pero sí soy una luchadora; mi vida entera ha sido una guerra por tener independencia económica, intelectual y por separarme de todas aquellas cosas que me subordinaban", dijo hoy en una entrevista con EFE Allende, que visita España para presentar el libro.
Publicada por Plaza y Janés dentro de la colección Areté, "Retrato en sepia" es una novela "puente" entre "Hija de la fortuna", su anterior título, y "La casa de los espíritus", la primera y más famosa novela de esta mujer de 58 años que comenzó a escribir impulsada por el exilio y ante la necesidad de "recuperar un mundo que había perdido".
Ambientada en Chile en la segunda mitad del siglo XIX, la memoria y los secretos de familia -"en mi país siempre se dice que los trapos sucios se lavan en casa"- constituyen el eje central de "Retrato en sepia", cuya protagonista, Aurora del Valle, trata de reconstruir su pasado tras sufrir un trauma brutal en la infancia que borra de su mente los primeros cinco años de su vida.
Aunque Allende no era consciente cuando escribía, el personaje de Aurora recrea en cierto modo lo que a ella le sucedió en su niñez: "mi padre abandonó a mi madre cuando yo era muy pequeña y no tengo memoria alguna de él; se rompieron todas sus fotografías y nunca se mencionaba su nombre".
"Por eso yo crecí con una ausencia y con una especie de misterio en mi pasado que nunca se resolvió completamente", dice Allende, y añade que si ella ha vivido "con un hoyo en la memoria", a su país le ha sucedido lo mismo desde que el golpe de Estado de 1973 acabó con el gobierno de Salvador Allende, su tío.
Tras el golpe, "hubo un ejercicio consciente por parte de las autoridades, primero, y de la gente, después, para echarle tierra a lo que había pasado, por olvidarlo y contarlo con eufemismos.Ahora, a medida que la verdad va saliendo a flote, vamos recobrando la identidad", añadió.
Isabel Allende sabe que, hoy día, el feminismo "ya no es sexy" y que la gente "le tiene miedo", pero ella no tiene "ningún problema con la palabra ni con el concepto".Por algo fue miembro del primer movimiento feminista que hubo en Chile en los años sesenta y por algo, cuando tenía seis años, sentía "impotencia y rabia" ante la situación que le tocó vivir a su madre tras separarse de su padre.
"En la adolescencia yo era un monstruo ya", aseguraba Allende al contar cómo, poco a poco, fue cobrando cuerpo en ella la idea de defender la igualdad de la mujer, algo nada fácil en un país tan "machista y patriarcal" como Chile y en una familia tan "tradicional y conservadora" como la suya.
Aunque nunca tuvo la intención de escribir una trilogía, Isabel Allende cree que con "Retrato en sepia" ha terminado un ciclo de su narrativa, y, además, está un poco cansada de los personajes que han protagonizado estas novelas y asegura que "ya basta de esta gente: los odio".
Fiel a su ritual, el 8 de enero próximo se pondrá a escribir de nuevo en su casa de San Francisco, y lo hará "en silencio", sin dejar que "nadie entre en la habitación ni siquiera a limpiar" y con una vela encendida en un pequeño altar que tiene en su oficina.Escribe durante las ocho o diez horas que la vela arde y nunca le cuenta a nadie de qué va el libro.