Basada en el libro “Seabiscuit”, de Laura Hillenbrand, el filme nos transporta al mundo de la hípica en el periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial. Un ex reparador de bicicletas Charles Howard (Bridges), quien hizo una fortuna introduciendo el automóvil en el oeste de Estados Unidos y quien poseía un caballo de carrera pequeño, temperamental y de pobre desempeño llamado Seabiscuit, recluta a un belicoso jinete del caballo para que monte al chueco animal. Seabiscuit se convierte en la noticia de la temporada, siendo más importante en la historia misma que Adolfo Hitler o lo último en Hollywood.
Esta película se ha convertido en la brisa fresca de esta temporada de estrenos que han traído más penas que glorias por la cuestionable calidad de las últimas entregas, salvo los casos de “X Men 2”, “Buscando a Nemo” o “Piratas del Caribe”.
¿Si tiene defectos?, pues sí. Es una historia melosa y trillada que afortunadamente está muy bien actuada y trabajada con gusto sencillo y factura decente a la hora de exponer su fuerza en los trazos sencillos del desarrollo del relato. Tobey nuevamente ofrece una emotiva caracterización, no tan efectiva como en “Las reglas de la vida”, siendo el caballo lo más digno de destacar porque de alguna forma merece tanta atención como el “Corcel Negro”, de Caroll Ballard.