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¡Alto! a los mordedores


Quien ha estado con niños sabe que las mordidas forman parte de las historias de la infancia. Si el nuestro es quien muerde, nos sentimos muy avergonzados ante los demás, y si, peor aún, es nuestro pequeño quien se convierte en la "víctima", el incidente no nos hace ninguna gracia y por nuestra mente pasa el deseo de venganza inmediata.
Los expertos afirman que morder es un comportamiento común entre los niños de 1 a 3 años. Es una manera con la que manifiestan su agresividad. Las mordidas ocasionales forman parte del desarrollo, pero si se repiten con mucha frecuencia puede convertirse en un problema cuando el pequeño interactúe con sus iguales.
Al morder, algunos niños logran su cometido: llamar la atención de sus mayores. Otros lo hacen porque se sienten infelices, ansiosos o celosos. Algunas veces esta acción puede ser resultado de una disciplina excesiva o severa o por haber estado expuesto a la violencia física.
  • Cuando muerda dígale "¡No!" inmediatamente, en un tono calmado, pero firme y con desaprobación.

  • Para hacerle saber a un bebé mordedor (de 1-2 años) que lo que hizo está mal, cárguelo firmemente o bájelo de sus brazos.

  • Al niño pequeño (de 2-3 años) dígale, "no es correcto morder porque le hace daño a las personas".

  • No muerda al niño para mostrarle cómo se siente cuando lo muerden. Esto le enseña un comportamiento agresivo.

  • Si el niño persiste en su comportamiento de morder a otros, trate una consecuencia negativa. Por ejemplo, no cargue o juegue con el niño por espacio de cinco minutos después que él/ella haya mordido.

  • Si estas técnicas o intervenciones no son efectivas, hable con un médico.


Otro estudio, "La ejecución y adaptación de niños en escuela elemental" de Zill, Loomis y West, encontró un desempeño superior en los grados 1 y 2 de los niños que entraron al preescolar más tarde; concluyó que "la espera se traduce en dividendos en el futuro".
Aunque retrasar el ingreso al preescolar es una buena estrategia, se demostró que los estudiantes de recursos limitados tienen durante este año de gracia experiencias menos enriquecedoras que las de un niño adinerado. Un año de espera puede ser ventajoso para el niño, si se utiliza para reforzar, preferiblemente en un centro preescolar, destrezas básicas sin las presiones de la educación formal.


La psicóloga María Victoria Valencia expresa que es bien sabido que un hogar lleno de libros y juguetes es un factor clave en el crecimiento intelectual de niño, que los padres que brindan un ambiente enriquecido para el aprendizaje pueden tener niños con mejores capacidades cognitivas y que los niños que asisten a preescolares aprenden ciertas habilidades de juego y cooperación con sus compañeros. Además, son menos egocéntricos y aprenden a enfrentarse con sentimientos de frustración, rabia y sentimientos heridos.
"Los niños pequeños aprenden en forma diferente a los grandes y las tareas de lápiz y papel no son tan formativas para el joven intelecto como las actividades creativas. Es preferible dejar que la motivación por aprender tareas más complejas surja de ellos o el aprendizaje venga naturalmente de la experiencia y se le dejará emplear su tiempo en actividades recreativas", señaló la experta.


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129548
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América