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Amalia tiene corazón para rato


Un corazón que funciona como el mejor motor de la maravillosa máquina que es el cuerpo humano fue el regalo que recibió hace poco más de una década Amalia Bonilla.
Esta joven que parece cohibida pero en realidad es muy segura de sí misma, de lo cual uno puede percatarse luego de escucharla hablar sobre su pasado y futuro, tiene en febrero tres razones para sentirse feliz. Primero, está viva gracias a la Fundación Obsequio de Vida, que hace 12 años hizo las gestiones para que ella viajara a los Estados Unidos a que le efectuaran una operación de corazón abierto, ya que el suyo tenía cuatro tipo de daños congénitos. Segundo, el viernes recibió su título de Licenciada en Enfermería en la Universidad de Panamá y, tercero, hoy es su cumpleaños.
"Es un programa excelente. Yo no podía pagar una operación de corazón abierto. La Fundación Obsequio de Vida hace una labor muy hermosa y noble porque trata de ayudar a salvar las vidas de los niños que más lo necesitan. De verdad que tiene el nombre bien puesto: es un obsequio de vida lo que se recibe". Así se expresó esta joven profesional, que eligió estudiar enfermería precisamente porque siente que así tiene la oportunidad de corresponder de alguna manera al país y ayudar a otros/as brindándoles salud.
Explica que "cuando uno sufre, uno se identifica con ese sentimiento de sufrimiento". A ella le gustaría especializarse en cardiología. "Enfermería es una profesión sacrificada pero muy linda", puntualizó.
HAY FRUTOS
"Con niños y niñas saludables el país puede crecer porque hay gente sana dispuesta a trabajar por él. Y es que hay un fruto, se sembró una semilla y ésta está dando frutos", comentó la joven que el 8 de diciembre de 1988, a la edad de 10 años iba en busca de un Obsequio de Vida a un país desconocido donde se habla un idioma que ella tampoco dominaba, pero iba llena de esperanzas y con mucha fe en que Dios no abandona a quienes tienen fe. Viajó a Louisville, Kentucky y la operaron el 16. Otro niño, Cornelio Guerra, iba con ella. También recibió su Obsequio de Vida.
"Mi vida cambió totalmente", dice. Explica que cierto es que a los tres años le habían hecho una operación paliativa , pero seguía tomando pastillas. Y, caminaba poco y quedaba cansada. Por eso tenía cifrados sus sueños en la operación.
Todo comenzó cuando un día el Dr. Icaro Leandro llamó a la casa de Amalia para hablarle sobre la Fundación y lo importante que era que se la hicieran porque estaba en proceso de desarrollo y era una edad peligrosa. "No podía llevar una vida normal. Como todo niño quería jugar, brindar, y hacer muchas cosas, pero no debía agitarme mucho dada mi condición", relata. Recuerda que cuando iba a hacerse la operación todo el mundo lloraba menos ella. Sentía que todo iba a salir bien y tenía muchas ganas de que su corazón fuera operado para hacer tantas cosas.
A Dios Gracias, todo salió muy bien. Su corazón estaba como nuevo, aunque, tuvo que tomar medicamentos (cardiotónicos) hasta hace un año. Todos los días.
Recibió mucho apoyo de parte del equipo médico y de otras personas en los Estados Unidos: palabras de estímulo, regalos, porque pasó la Navidad en los Estados Unidos y vio la nieve. Disfrutó mucho. Todo lucía diferente para esa niña de diez años cuya vida unos días antes pendía de un delgado hilo, máxime que era de cuna humilde.
Amalia Bonilla nació un 19 de febrero en Soná, Veraguas, su madre tuvo que esforzarse mucho para criar la prole de la cual esta niña que nació con problemas congénitos del corazón era la más pequeña y parecía una flor que ha sido desprendida del huerto, porque era muy delicada, se cansaba fácilmente y los dedos de las manos y los labios se le ponían morados por la mala circulación.
ETERNA AGRADECIDA
"Siempre viviré agradecida a la Fundación Obsequio de Vida que con el apoyo del Human Heart Institute" le hizo el milagro de salvarle la vida. Ahora, lista para comenzar a ejercer su profesión de Licenciada en Enfermería, Amalia Bonilla, puede decir con júbilo que tiene corazón para rato.
Creada por el Club Rotario de Panamá el 24 de septiembre de 1992, la Fundación, que preside el Sr. J. Thomas Ford, ha cumplido un gran papel a favor de la niñez en Panamá. Le ha abierto nuevas perspectivas, les ha devuelto a más de 500 niños y niñas las ganas de vivir. No importan los costos. Es una inversión en la gente que heredará el país.
Ojalá que la hermosa labor que lleva adelante la Fundación Obsequio de Vida pueda seguir beneficiando a tantos/as niños/as que como Amalia nacen con deficiencias en su corazón. Semanalmente en el Hospital del Niño especialistas realizan en nuestro país operaciones paliativas y de corazón abierto. Las que son demasiado complicadas siguen haciéndose en los Estados Unidos. La Fundación no sólo equipó una sala especializada para este propósito, sino que, además, se esforzó por enviar profesionales a especializarse, porque la lista de espera es larga, más de 600 aguardan su turno.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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