Variedades

Amor por las letras


CUANDO en la literatura panameña se indague sobre los poetas y escritores más profundos y espirituales, el nombre de don José Guillermo Ros-Zanet destacará sobre cualquier otro. La fuerza y fineza de su pluma igual golpea contra la injusticia, que ausculta con delicadeza la interioridad del ser en la búsqueda del conocimiento sobre la esencia de los seres y las cosas.
Es un hombre sencillo, amable, recto, con profunda vocación ética, científica y espiritual; ha hecho de los valores morales el norte de su vida como médico, poeta, escritor, profesor e investigador.
Para conocer al Dr. Ros-Zanet hay que reflexionar por un lado, y echar una mirada histórica por el otro, sobre lo que ha significado y sigue siendo su familia. Su familia era grande, una gran familia, conformada por los padres, abuelos y seis hermanos, siendo él, el mayor de los varones, había tres hermanos menores.
Sólo tenía 10 años cuando el hado lo privó de la presencia física de sus padres. Junto a él, cinco niños quedaron huérfanos, pero bajo el amparo de su abuela materna: inmensa abuela, mamita como la llama el Dr. Ros-Zanet. Vivían en una casa grande, a la entrada del pueblo grande: eso era entonces David, un pueblo grande.
De sus padres, los hermanos heredaron bienes materiales, pero más importantes fueron los elevados valores éticos y espirituales con que los formaron y que representan el más valioso legado que recibieron.
Sus raíces familiares están vinculadas, por ambas ramas, con la construcción del Canal. Su abuelo francés Teodoro Zanet vino con el grupo que trabajó en el Canal Francés. Era ingeniero-arquitecto. Luego del fracaso del Canal Francés se trasladó a vivir en Chiriquí. Se casó con la abuela materna, Josefina, y -de esa unión- nació su madre Clara Zanet. Su abuelo paterno, de origen catalán, viajó a Cuba, donde se estableció y formó una familia. Su padre, Rodolfo, nació en Cuba, y -como médico- llegó a Panamá con el grupo del Dr. Finlay, grupo que trabajó en la erradicación de la malaria y la fiebre amarilla con los norteamericanos que vinieron para la construcción del Canal.
Su madre tuvo una excelente formación humanista. Era una gran lectora. Eso influyó mucho en él y en sus hermanos. El Dr. Ros-Zanet tuvo su primera biblioteca a los ocho años: libros de cuentos de hadas y gnomos y de aventuras infantiles.
Hizo su primer año de secundaria en su ciudad natal, David , Chiriquí, en el Colegio Félix Olivares, donde fundó la primera Asociación Federada de Estudiantes, de la que fue su primer secretario general. Posteriormente (1947), viajó a Panamá para continuar sus estudios secundarios.
En 1950, había -en el Instituto Nacional- movimientos culturales que se hacían sentir en las luchas estudiantiles, que buscaba lo que él llama: la identidad y la soberanía nacional. En esos tiempos, en el Instituto, había una revista llamada "Juvenilia", que abrió ese año un concurso de poesía y de cuento para estudiantes del colegio. Como él ya tenía una obra poética, escogió tres de sus poemas y un cuento y los envió al concurso para probar suerte. Para sorpresa suya, los tres poemas ganaron el primero, el segundo y el tercer premio de poesía, y su cuento ganó el segundo premio de esa categoría.
Eso animó a sus amigos para sugerirle que enviara uno de sus libros al concurso nacional de poesía Ricardo Miró. Él dudó, pero al enviarlo, pensó que nada perdía. Envío el libro Poemas Fundamentales, con el subtítulo "Origen y signo", por considerar éste libro como el origen y signo de su poesía. En él, captaba muchos detalles de su primera obra, un libro inocente y elemental que denominó "Raíz del paisaje", que contiene cantos a la tierra natal, a la lluvia, al verano, al indio, al campesino. Para regocijo suyo, el libro ganó el Premio Máximo del Concurso Miró de Poesía del año 1951.
En la década del 50, obtuvo tres primeros premios Miró en Poesía: Poemas Fundamentales, Origen y Signo, en 1951. Con su libro Ceremonial del Recuerdo en 1954, y en 1959, con Sin el Color del Cielo. Veinticinco años más tarde, en 1984, envía a concurso otro libro: Un no Rompido Sueño, que es el título de un verso de un poema de Fray Luis De León: El canto a la vida retirada del campo. Esa vida superior, tranquila, es lo que Fray Luis De León llama, "Un no Rompido sueño".
Para el Dr. Ros-Zanet, su no rompido sueño es su familia, su amor profundo por la palabra y la vida, la búsqueda de un mundo mejor, que siempre se expresa a través de sus libros de poesía y explícitamente a través de sus ensayos. Un no rompido sueño profundiza lo que ya se ha venido manifestando en Sin el Color del Cielo, Poemas fundamentales, y en Ceremonial del Recuerdo. Su obra poética se puede leer y se debe leer como lo que es: una saga de la casa familiar de bisabuelos, abuelos, padres, hermanos, hijos, nietos.. Es también una saga de la palabra, del lenguaje, del habla, y la tierra natal.
Hay temas que siempre gravitan en la poesía y la prosa del Dr. Ros-Zanet. "La muerte desmedida", como la llama en algunos de sus poemas, inspira mucho su expresión poética; evoca ese sentimiento de soledad que sintió cuando la casa familiar se fue quedando sola. Años después, al conocer a la que sería su esposa, Milagros, se inicia lo que él denomina en sus libros: la casa que comienza, la casa familiar que está naciendo.
El Dr. Ros-Zanet es un escritor prolífico, pero denso. En sus ensayos, género literario que también trabaja desde muy joven, sostiene que los hombres y los pueblos no pueden ignorar el pasado: las herencias, su tradición. El pueblo que olvida eso, lo mismo que el hombre olvida su infancia, olvida muchas cosas fundamentales. Hoy, el hombre vive en un vacío existencial y espiritual; siente que le falta algo, pero -lastimosamente- no busca lo que le falta, porque desconoce lo que ha perdido: el alma, la profunda identidad del ser en la tierra. Hoy el hombre está volcado a la exterioridad, para él sólo tiene vigencia lo exterior, los bienes, la cosa material. En la interioridad están los valores, la ética, lo sagrado, lo que el Dr. Ros-Zanet llama la gran Teodicea de los pueblos, el alma de los pueblos, el alma infinita del ser, que el hombre de hoy ha perdido en buena medida. Por eso, se puede decir que hoy el hombre es un desalmado, un hombre sin alma. La visión que tiene hacia sus semejantes no es la de un ser superior en el sentido del alma, sino que se ha convertido en un ser que hace posible la cosificación de la vida y del propio hombre. El hombre y la vida convertidos en cosas.


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233713
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América