Entrar con el pie derecho, persignarse, llevar amuletos o pedir que algún brujo te eche una mano, cualquier superstición es válida si lo que está en juego es una Copa del Mundo de fútbol.
Y es que, en menor o mayor medida, no hay jugador o selección que se resista a la tentación de intentar atraer la buena suerte, muy antojadiza cuando se trata de marcadores futbolísticos. Pero, a veces, hasta parece funcionar.
Falto de mejores ideas tácticas, el seleccionador Luiz Felipe Scolari decidió que, para su siguiente encuentro, ante Perú, cambiaran su "sagrada" camiseta auriverde por el segundo uniforme, de color azul, por pura superstición. Ganaron 2-0 y se acabó la mala racha. Eso sí, a costa de un enorme revuelo en Brasil por la afrenta contra la casaca "canarinha".
Pero los más supersticiosos son los africanos. Al punto de que, en la última Copa Africana de Naciones, celebrada en Mali el pasado febrero, la Confederación Africana de Fútbol se negó a acreditar a los "consejeros" que suelen acompañar a las selecciones, los cuales son -en realidad, si cabe el término- brujos, para "no mostrar una imagen tercermundista durante el torneo más importante del continente".
Países clasificados para el Mundial 2002 como Nigeria, Camerún y Sudáfrica, y que nunca han ocultado su querencia por la magia, tuvieron que renunciar a ellos... Más o menos, porque sortearon la prohibición comprándoles entradas para los partidos.
En América Latina, las supersticiones en el fútbol suelen tener connotaciones religiosas. Alvaro Recoba, astro de la selección uruguaya, lleva siempre un crucifijo en el cuello y una pulsera que le trajo su suegra del santuario francés de Lourdes. Los mexicanos se encomiendan a la Virgen de Guadalupe, patrona de su país, y a los brasileños les encanta lucir camisetas con frases como "100% Jesús" o "Jesús me hizo el gol".
Aunque en Corea del Sur y Japón se impone la discreción, ya que las reglas -que prohíben llever equipamientos u objetos peligrosos, incluido cualquier tipo de joya- se aplicarán de forma "implacable", según explicó a la AFP el director de desarrollo de la FIFA, George Cumming.
Así, el capitán inglés David Beckman tendrá que dejar en el vestuario su carísimo pendiente de diamantes. Lo mismo para todos aquellos que llevan pulseras, colgantes o anillos a guisa de amuleto. Hasta las alianzas matrimoniales, que los árbitros suelen respetar, tendrán que quitarse.
Para evitar problemas, los futbolistas también deberán abstenerse de una moda muy extendida: llevar otra camiseta debajo de la oficial y mostrarla si marcan un gol. La FIFA no quiere Cristos, fotos de bebés o mensajes para la familia sobre los terrenos asiáticos, porque la Copa del Mundo no es "una galería de fotos", puntualiza Cumming, y mucho menos si la imagen en cuestión no forma parte de los patrocinadores oficiales.
Aunque a veces basta con echarle un poco de imaginación. Un beso en la calva del central galo Laurent Blanc al portero Fabian Barthez antes de cada partido en Francia-98 pareció bastar para que la victoria se pusiera de su parte.