Hablar de los inicios del Teatro Infantil Tía Dora me eleva inevitablemente a recordar la sala de mi casa cuando, al llegar de la escuela, encontraba a mi madre con un grupo de niños y niñas, de la calle donde vivíamos, enseñándoles teatro. ¡Ah! El fútbol de la calle se convertía en teatro de casa.
Y fue así como Dora McKay, educadora incansable, reúne una docena de infantes y decide formar lo que vendría a ser posteriormente el Teatro Infantil Tía Dora, con la ayuda del profesor Jaime Ingram, amigo induditable.
Luego Cedeño Cenci, Justo Arroyo, Pepe Sarsanedas y muchos otros funcionarios del actual Instituto Nacional de Cultura auspician la escuela en sus inicios y luego en forma independiente con la ayuda de mecenas como Alma Montenegro de Fletcher, Carlos Duque, Sebastián Quirós y Jaime Simons, entre otros. Bella época aquella en el que el cantar y el hablar de los niños y niñas llegaban en giras artísticas desde el Teatro Nacional hasta el más lejano rincón de nuestra campiña. Donde el arte sí entraba, porque aún no era aristocrático...
Para hablar de los frutos de treinta y seis años ininterrumpidos de labor teatral es necesario explicar las tres áreas que han sido los objetivos de esta escuela: la educativa, la psicológica y la artística.
La enseñanza de Teatro Infantil, además del proceso de aprendizaje artístico, permite al educador o educadora romper con el esquema rígido del actual sistema pedagógico y llevar de la mano al estudiantado en la búsqueda de una construcción de un proyecto formativo creativo, original, fluido y prolifero.
El formidable Carl Jung, en su teoría psicológica de la personalidad al hablar de los "arquetipos", describe a los mismos como pensamientos o predisposición que utiliza la persona para responder ante el mundo de ciertas maneras.
En el teatro como psicoterapia, al representar diferentes personajes, los actores y las actrices desdoblan sus personalidades, permitiéndoles enfrentar situaciones, que de otra forma resultarían muy dolorosas recordar. Utilizan máscaras en su inconsciente y en su consciente.
Pero el aporte más valioso que tiene el teatro es en el área artística donde el estudiante, el actor o el trabajador teatral desarrolla la expresión, la sensibilización, la comunicación, la creatividad corporal como un todo para llevarlo a escena.
En el proyecto de teatro infantil se cumplen todos estos elementos y se adiciona otro, convirtiéndose en el más importante. En el teatro infantil se hace teatro "jugando". Se juega para aprender, para interactuar, para socializar, para desarrollar la oratoria, para hacer surgir el yo subjetivo de cada niño o niña. Para ser parte o todo de un espacio, de una idea, de un diálogo y de una obra teatral. Para hacer la vida en un juego.
Dora McKay, en su tesis doctoral de teatro, explica que para hacer teatro infantil el educador(a) no debe olvidar la siguiente máxima "Divertir enseñando y enseñar divirtiendo".
Aquellas personas que tuvieron oportunidad de conocer a Roberto McKay recordarán el concepto que tenía del "director teatral". Nos hablaba del mismo como el espectador No.1 Yo he tenido la oportunidad durante los treinta y seis años de actividad en el Teatro Infantil Tía Dora de convivir como espectadora de un desfile maravilloso, increíble y fascinante de ángeles actuando.
He visto crecer ángeles maravillosos como Marisín, Riqui, Rocío, Raúl, Mónica profesionalmente en el mundo del teatro. Pero también he crecido, me he renovado, he vivido y experimentado las mayores alegrías con todo tipo de angelitos jugando en torno a mí, brindándome las mayores satisfacciones que he tenido en mi vida. Dios en un acto de dilección, me ha permitido saborear de antemano su promesa de amor.
Es totalmente cierto aquel dicho "del arte no se vive" y los que vivimos en el mundo artístico lo sabemos perfectamente. ¡Sí, que lo sabemos!; pero también es verdadero que con la ayuda actualmente de Marlene, David, Alberto y Luis Eduardo sigo disfrutando la mayor experiencia de mi vida. He tenido el privilegio de convivir con seres maravillosos como son los niños, niñas y jóvenes, haciendo por treinta y seis años, la labor más hermosa que se me ha permitido realizar: La de hacer teatro infantil con ángeles en mi país.