Variedades

Apasionada por el arte

Miroslava Morales está por iniciar tres proyectos teatrales, mientras sigue administrando Diablo Rosso.


El arte y la cultura persiguen a Miroslava. Esta chica común, que viene “de muy abajo” como se define ella misma, es una de las modelos y actrices de teatro más solicitadas del momento.

Su rostro ya lo hemos visto en televisión muchas veces, comerciales y recientemente en videos de artistas nacionales. A Miroslava le gusta exaltar lo artístico, y aunque de una manera u otra, las oportunidades le llegan “sin buscarlas”, ellas están en su aura y en su destino.

Administradora de la tienda y restaurante cultural, Diablo Rosso, esta chica que lleva el nombre de una famosa cantante mexicana, que según nos cuenta era más bella que la propia Marilyn Monroe, no tiene familia europea y tampoco afroantillana.

 

Su Morales es muy panameño como un González o Sánchez. Y, como todo latino, lleva la chispa de los escenarios, las luces, cámaras y acción en la sangre. Pero nos cuenta que no siempre fue así. Antes de llegar a donde está, tuvo que caminar mucho y tocar infinidad de puertas.

Miroslava, como cualquier chica, estudió en la universidad y desde siempre buscaba tener esa oportunidad de trabajo en el medio empresarial.

Talento en potencia:
Manifiesta que como no sabía nada de ‘casting’, buscaba el directorio y se ponía a llamar a las agencias publicitarias para ver si hacían selecciones, si le decían que sí y ella iba, “Yo iba bien vestida, centrada en el estatus económico en que estaba y según pensaba que podía llamar la atención y te soy sincera, hice 1, 2, 3, 4… intentos y jamás me llamaban y yo me quedaba pensando, pero por qué no”.

 

Con tan mala suerte, siguió insistiendo, pero antes de eso se hizo una autoevaluación de cómo hablaba y se vestía con la ayuda de su espejo. Por fin le llegó una oportunidad de trabajar en el 2003.

“Me llamó una empresa, me acuerdo muy bien del director porque era cubano, se llama Luis Palomo, me solicitó para un comercial de un restaurante de comida rápida para las Islas del Caribe, en Trinidad y Tobago, y; creéme, me pagaban muy bien”, recalca.

Más fácil no pudo ser:
De allí en adelante, Miroslava se armó de valor para conquistar al mundo, y decide cambiar su imagen, viendo revistas, y con la ayuda de un amigo.

 

Dejó el cabello lacio por una melena más natural, y desde entonces hace comerciales para supermercados y tiendas como “El Xtra, Dorians, Advance Cominications, y otras”.

Su carrera fue creciendo, a tal punto que le entró al modelaje y actuación. “Actualmente me llaman para distintos productos Criolan, el maquillaje alemán, y otras marcas más que ya no recuerdo, también de bancos y muchos lugares más”.

Una oportunidad llegó con la otra. En el teatro, se inició dando talleres con Edwin Cedeño en La Qadra, los que dice le ayudaron un montón.

 

“Aprendí muchísimo por eso lo amo, he hecho locuciones, también me gusta el modelaje de fotografía porque debo ser realista, si no tengo el tamaño, no puedo obligarme a hacerlo. No te voy a negar que si hubiese sido más alta, sí, pero hay que jugar con lo que uno tiene, y sacarle provecho a eso”.

Con esa última destreza tuvo la oportunidad de que grandes maestros de la fotografía la llamaran para trabajar con ellos y ella encantadísima, aunque también canta.

Como les contamos, nada es imposible para esta chica. Su fuerte es la balada bolero jazz, ya lleva varios años cantando en el coro de la iglesia católica, no le da ninguna pena con mucho orgullo lo hace, al contrario le dice a todo el mundo, y el que le pide que cante en su boda lo hace”.

Su pasión por la música no llega al extremo de convertirse en estrella. Tampoco quiere tener fans que la vean como una diva, si a la gente le gusta lo que hace, se siente agradecida y eso es suficiente, pero si están interesados en verla cantar, pueden ir los domingos muy temprano a la iglesia en Los Andes N°2, y a las 9:30 del mismo día a Santa María La Antigua, de Villa Cáceres.

Figura.
Miroslava tiene el privilegio de no hacer dietas. Su contextura es delgada y la ajetreada vida que lleva no le permiten subir de peso, pero sí va al gimnasio a tonificar, pues considera que estar delgado no indica que una persona esté sana y estar gordo tampoco. “Aclaro que no tengo nada en contra de los gorditos o flaquitos”.

Ella misma inventa su ropa. De niña quería ser diseñadora, pero tuvo la idea de que moriría de hambre, ahora el empuje de la alta costura es diferente y cree que todavía tiene oportunidades. Eso sí, su ropa sería muy económica pues dice que en Panamá no hay mujeres feas ni pobres, sino chicas que no aprovechan las tiendas.

No va a tiendas caras, no porque le haga publicidad a un almacén de la localidad, pero cree que allí hay lo mejor en cuanto a ropa, a buen precio, color etc.

“Demasiado baratier, suéteres a un dólar, la mujer panameña no sabe comprar, asesoro a mis amigas, voy a un almacén y la gente me pide ayuda. En Panamá hay plata, no hay mujeres feas ni pobres para la ropa que se vende. Fui a Europa y no tenemos que envidiarle nada”.

Aclara que cuando se trata de vestir, su clóset es negro, blanco y jeans, no tiene colores, sólo los usa para las filmaciones, eventos de la TV y eso.


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358496
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América