He dado un millón de vueltas para colocarle título a esta columna y esta frasecita retumbaba constantemente en mi cabeza, pero no me decidía a utilizarla. Primero porque estaba tratando de descifrar cómo explicarles de dónde nace, y segundo porque en principio pareciera no tener ningún tipo de relación con la cocina, aunque para mí en particular estará eternamente atada a la buena comida, a las buenas amistades y a los buenos momentos.
En cierta ocasión una de estas amigas me apodó “la gomita”, cuando le pregunté la razón me respondió: Porque eres la que mantiene al grupo unido. En ese instante ella logró sacudir mi lado más sensible y sacarme unas lagrimitas, ya que en ese momento estaba viviendo lejos de Panamá y sus palabras adquirieron especial significado.
Tengo que confesar que soy una persona sumamente sociable, así que eso del “grupo” en mi caso es bien extenso porque tengo muy buenas amistades en muchos círculos distintos y cuando hago mis cenas temáticas mi sala se transforma en un gran restaurante, a pesar de que trato de reducir “el grupo” a los amigos más íntimos, los que al final terminan siendo alrededor de 30, eso cuando no todo el mundo puede asistir.
Para otros esto podría representar un inmenso dolor de cabeza, pero a mí me fascina, y no hay absolutamente nada en el mundo que me haga más feliz.
Una vez planificamos una cena tailandesa para conocer el nuevo apartamento de una pareja de amigos. Coincidió la cena con una visita reciente de uno de los asistentes a la cena, Tutu, a varios de los países del sureste asiático, y pues naturalmente comenzó a relatar anécdotas de su travesía. Tutu es dramaturgo y cuando te relata una historia no lo hace como la persona común, sus relatos son entretenidos y atrapantes, y cuando él está en la habitación, puedes estar seguro de que jamás te vas a aburrir, pues es una de las personas más divertidas que he tenido la oportunidad de conocer. Y vaya que en este caso fui parte de la experiencia cuando, sin que recuerde cómo me convenció, quedé tirada en el piso boca abajo para ser parte de la demostración de un masaje tailandés en el que la masajista se trepa en tu espalda. Lo mío era una combinación de pánico y carcajadas, ya que Tutu haría las veces de la masajista y justo antes de treparse en mi espalda repetía constantemente la frase ARE YOU OK? Que era la misma que utilizaban las masajistas cuando te estaban sometiendo a lo que él describió como un doloroso masaje.
De más está decir que esa noche nos fuimos todos con la barriga llena y el corazón contento, después de disfrutar una deliciosa cena y de no parar de reír.
Les dejo la receta del postre que serví esa noche, que aunque no es una receta propiamente tailandesa, utiliza algunos productos que se cultivan en la región.
Espero se atrevan a intentarla y a reír a carcajadas mientras la disfrutan.