A juzgar por el carácter de su obra, si a Roni Horn (Nueva York, 1955) hubiera que asignarle un filósofo, éste sería sin duda Heráclito de Éfeso, el griego que postuló que todo fluye, nada permanece.
No nos bañamos dos veces en el mismo río, todo está en un flujo continuo: el paisaje, la geología, la meteorología, el carácter de las personas. No hay una identidad única e inmutable, afirma la artista norteamericana.
De ahí su fascinación por el agua, por el cielo, por la naturaleza en su conjunto y sobre todo la de Islandia, país que ha visitado regularmente desde mediados de los años setenta.
Una de las "esculturas" más tempranas en la exposición es un hormiguero en un estrecho recipiente de cristal.