Ganó un premio Óscar y cinco Globos de Oro, el público lo adoraba, la fama siempre lo acarició... lo tenía todo... ¿o no? Algo lo atormentaba, lo deprimía, lo aniquilaba... sentía miedo y mucha soledad.
Asfixió sus demonios, los silenció a fuerza de correa. Al menos eso reveló la oficina del forense del condado de Marin. Se ahorcó con su propia correa en el interior de su casa ubicada en Tiburón, al norte de California, mientras su esposa, Susan Schneider, dormía en otra habitación. Su asistente lo encontró. Tenía cortes en su muñeca derecha, hechos con una navaja que encontraron cerca del cuerpo y cicatrices de cortes en la izquierda. Lo había intentado antes.
La policía llevará a cabo pruebas toxicológicas para determinar si había consumido algún tipo de sustancia antes de su fallecimiento, explicó el teniente Keith Boyd, del condado de Marin, en conferencia de prensa. Estos análisis se darán a conocer dentro de dos a seis semanas.
El cuerpo del actor fue descubierto por su asistente personal, quien se preocupó cuando después de las 11:00 a.m. de este lunes no respondía a los llamados en su dormitorio: “estaba vestido, sin responder, con una correa alrededor de su cuello y el otro extremo alrededor de la puerta, su cuerpo estaba perpendicular a la puerta y suspendido”.
Desde la década del 70 en adelante sufrió por su adicción a la cocaína, la que según el mismo actor, dejó gracias al nacimiento de su primer hijo, en 1983.
A la cocaína no volvió, sabía que eso lo mataría. 20 años después de mantenerse alejado de ese demonio, el alcohol llenó el vacío y borraba el miedo con el que vivía. En 2006 anunció que entraba a rehabilitación, luego de tres años entregado a las copas. Lo necesitaba, su adicción no llenaba el vacío, ya no adormecía a sus viejos enemigos. Meses después se sentía victorioso, al igual que a la cocaína hacía más de 20 años, había ganado la batalla contra el alcohol.
Tras salir de rehabilitación protagonizó varios trabajos. En 2009, otro enemigo lo haría temblar...