Al principio parece casi demasiado fácil. Mientras oigo el crujir de las hojas, atravieso la puerta de atrás, cruzo el jardín y abro la puerta, sin que nadie se dé cuenta. Estoy cometiendo un delito a plena luz del día y nadie puede detenerme.
Mi júbilo se convierte pronto en una especie de neblina mental. Primero agarro la televisión de pantalla plana, pero se me cae al suelo. El tiempo vuela, así que subo corriendo las escaleras, luego las bajo, las vuelvo a subir. Agarro un laptop, un teléfono… pero con las prisas me dejo algunos de los objetos más preciados.En el subconsciente Nee también utiliza una simulación de realidad virtual para pedir a ladrones convictos que demuestren cómo procederían en un robo. A pesar de lo artificial de la situación, tienden a tomárselo en serio y muestran un comportamiento igual al que tendrían en una casa real. "¿Qué tan complicado puede ser?", me pregunté a mí mismo mientras entraba en esa casa virtual. Aunque sabía que debía fijarme en los objetos pequeños, fácilmente transportables y de mucho valor, de alguna forma mis ojos no se fijaron en ellos. Mi mente iba de prisa, pero no pude encontrar nada, así que acabé decidiéndome por los objetos grandes y difíciles de manejar. Mi confusión ofrece un gran contraste con el comportamiento de los ladrones en las simulaciones de Nee, que desarrolló junto con Martin White en la Universidad de Sussex (Reino Unido). Los ladrones experimentados siguieron en su mayoría la misma ruta por la casa, yendo primero a las habitaciones de arriba y luego a las de abajo. Encontraron fácilmente los bolsillos con las carteras y las tarjetas de crédito, así como las ropas de diseño, las joyas y otros pequeños objetos de valor, dejando atrás los aparatos electrónicos que se quedarán obsoletos rápidamente. Con una media de solo cuatro minutos en la casa, los profesionales acumularon objetos por un valor de cerca de US$1.560 más que el grupo de control con estudiantes que utilizó Nee como comparación. Sorprendentemente, la mayor parte de los procesos mentales parecieron llevarse a cabo en el subconsciente, dejando más espacio mental al ladrón para lidiar con el riesgo de ser descubierto.
Trucos para defenderse Por este comportamiento rápido, sistemático e inconsciente, Nee compara los robos con otras formas actividades que exigen pericia, desde la música al tenis o el ajedrez. Los mejores en estas áreas dicen entrar en un estado similar de "fluidez" en el que toman la mayoría de decisiones cruciales sin ser conscientes. Y al igual que con esos otros tipos de expertos, Nee cree que los robos dependen de complejos "esquemas psicológicos".