Estas estructuras en medio de tantas construcciones de cemento constituyen pequeños pulmones citadinos que a la vez permiten pasar un rato ameno observando las actividades que tienen lugar en sus alrededores.
Igualmente, los monumentos constituyen muestra del talento de escultores nacionales e internacionales y muchos han permitido estrechar lazos de hermandad con países amigos.
Estos espacios recreativos y culturales que apelan al transeúnte, sirven, además, para exaltar hechos y personajes locales y allende las fronteras.
Sin lugar a dudas, los parques y plazas constituyen atractivos citadinos y son un regalo para quien sabe apreciar el arte y la naturaleza que se conjugan en ellos.
2 botellas de leche de vaca
2 libras de azúcar
1 cdta. de sal
Papelitos de colores para envolver.
Mezcle la leche con el azúcar y la sal.
Llévela al fuego en una olla que no sea de aluminio, revolviendo constantemente.
Retírela del fuego y haga bolitas del tamõ de una canica.
Envuélvala cuando esté fría en papel de color, torciendo los extremos y picándolos.
1 docena de huevos
3/4 lb. de harina
1 lb. de pasas
1 lb. de ciruelas pasas
1 botella de ron
1 botella de jerez seco
1 botella de moscatel
3/4 lb. de azúcar
Canela en raja
12 clavos de olor.
Se hierven azúcar, pasas, ciruelas, canela y clavos de olor en agua que cubra todo. Se enfría y se le añade el licor. Se saca todo dejando el almibar enfriar.
El bizcocho se corta en pedazos cocados o en cuadritos y se coloca en bandejas hondas, luego se moja con el almibar. Se adorna con pasas y pastillas en forma de flores. Se le agrega grageas.
Para hacer el bizcocho, se baten las claras bien, se añaden las yemas y luego el azúcar poco a poco. Por último, la harina bien cernida, sin batir, sino envolviéndola. Se pone en un molde sin engrasar, cubierto de papel de envolver blanco y se pone al horno suave hasta que quede de color dorado claro.