Claves
Corría el mes de mayo de 2002. Rita, en ese entonces contaba con 57 años, tenía un hijo de 20, no tenía marchante desde hacía ya un tiempo, pero la idea le rondaba la cabeza. Contaba con el apoyo de sus fieles amigas: sus vecinas. Con el transcurrir de los días lo hizo realidad: entregó su pasión a un joven de 22 años.
Al principio todo era amor, no era para menos, ella estaba, como dicen en buen panameño “acomodada”. Él no trabajaba, pero eso era lo de menos para la señora, quien a pesar de la edad, era de buen ver.
Pasaron años y para complacer a su marchante, Rita le entregó en bandeja de plata un negocio de chapistería que creció con el tiempo. Cuando se vio con mayores comodidades, un carro del año y ropa de marca, comenzó a pasar lo esperado, sus miradas y su juventud se inclinaban hacia las chicas veinteañeras. Con casi 30 años, abandonó a su “amada” por una más joven.
La infidelidad no le cayó como balde de agua fría a la fémina que hoy cuenta con casi 65 años, porque siempre tuvo en su mente el hecho de que algún día su “toyboy” la abandonaría. En la actualidad se encuentra sola, pero satisfecha de que por lo menos se dio una oportunidad, aunque fallida. Pero no está arrepentida.
Un posible diagnóstico
La realidad de estas féminas mayores que entablan relaciones con jóvenes es muy común en Panamá. “Está asociado con problemas de baja autoestima, seguridad e identidad personal”, mencionó el psicólogo Abigaíl Velásquez.
Agregó que se adentran en esta situación por diversas causas: sentirse bien, por vanidad, para estar más atendidas, a pesar de que están conscientes de que esos jóvenes están con ellas porque tienen a su alcance un sinnúmero de privilegios.
Enfatizó que “en la supuesta relación, existe una ‘inconsistencia de sentimientos’ porque en la mayoría de los casos que he atendido, las damas se enamoran mientras que los varones gozan de la papeleta que les permite 'chuliar' (como se dice popularmente)”.
Lo formidable del caso antes presentado es la objetividad de ella. Sin embargo, “existen personas que pueden caer en depresión”.
Otras, en cambio, no toman en cuenta si ese joven con el que deciden relacionarse tiene o no pareja, porque solo les interesa que “ellos respondan cuando así los soliciten”.
Cuando se tienen hijos
La mayoría de estas mujeres tienen hijos y, en ocasiones, sus relaciones sentimentales les afectan.
Una viuda de 70 años tiene una relación con uno de treinta. Ella tiene cuatro hijos que no lo aceptan. A veces se siente acorralada porque la comunicación con sus retoños se ha visto afectada, incluso, ha pensado en dejar a su pareja. “Lo más recomendable para aliviar esta atmósfera sería la terapia de familia, ya que los casos de familia y pareja son de magnitud compleja y requieren de un profesional idóneo para su debido abordaje”, enfatizó la terapeuta Ivette Schuverer, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Panamá.
“Una probable soledad y el hecho de que los hijos han formado sus hogares podría ser una causal por la que también las féminas deciden reiniciar una vida sentimental”, puntualizó la experta.