Para los padres es muy difícil evitar hacer comparaciones de sus hijos con otros niños de su edad, ya sea orales o mentales. Si habla más, caminó más pronto o si baila con ritmo. Muchos dejan estos hechos a la casualidad o destino, sin saber que con un poquitín de ayuda su pequeño/a podrá cumplir con todas las etapas de su desarrollo a tiempo y satisfactoriamente.
La fonoaudióloga Yanira Cohen, durante la Feria de Maternidad celebrada en la Clínica Hospital San Fernando (CSF), nos dio una valiosa guía para colaborar con nuestros hijos en su desarrollo auditivo y del lenguaje.
Señaló que la estimulación comienza desde el claustro materno. Si se conoce el sexo del bebé, se le debe llamar por su nombre y hablarle constantemente. "Buenos días", "¿Cómo estás?" o "Ya llegó papi" son ejemplos de lo que podemos hablar para hacerlo parte de nuestro entorno.
La Lic. Cohen describió algunos de las cosas que hacemos o dejamos de hacer los papás que dificultan el adecuado desarrollo de nuestros pequeñines. Indicó que al año de edad hay que quitarle el biberón a los niños, porque la presión del mismo hace que la lengua permanezca abajo y no tome la posición y movimientos que permitirán la articulación de las palabras. Lo mismo ocurre con el chupete o "consuelo".
El aparentemente inofensivo uso del pañal, si se prolonga demasiado ocasiona que los niños se sigan sintiendo bebés y no vean la necesidad de comunicarse con palabras. El fenómeno de "El bebi de la casa" en el que el niño/a es el excesivamente mimado, al que se le habla mal y no se le da responsabilidades, genera pequeños egocéntricos que piensan que llorando o diciendo cosas como "quelo eso" conseguirán lo que desean sin el menor esfuerzo.
Cuando los padres trabajan y el niño se queda con la muchacha que lo alimenta y limpia, pero que no le dirige la palabra en todo el día, habrá problema en el desarrollo auditivo y del habla. La especialista recomienda a los padres que le hagan un cuaderno a la muchacha con fotos del bebé y de los demás miembros de la familia, medios de transporte, animales, cuentos, entre otras cosas, para que en un momento del día ella le relate al niño. Debe ser una rutina diaria.
Uno de los mitos que desmintió la fonoaudióloga fue el de dejarle al niño el cabello largo, con la excusa de que si lo cortan no hablará. Es falso, el cabello no tiene nada que ver con el habla; más bien lo que hará ese aspecto es desfigurar la imagen y dificultarle al niño la identificación de su sexo. "Los niños no hablan no porque no quieran o puedan, sino porque no le hemos dado instrumentos para hacerlo", agregó.
De acuerdo con la Lic. Yanira Cohen, a los siete meses los niños deben decir tres palabras: mamá, papá y agua. Al año su lenguaje debe componerse de diez palabras. Al año y medio, veintiocho palabras; a los dos y medio debe decir palabras 275 y poder estructurar frases sencillas. A los tres años 375 y a los cuatro años debe contar con 2.500 palabras en su vocabulario. Si no se cumple con los requerimientos de cada edad, al llegar a la siguiente etapa se observará un atraso en el desarrollo del lenguaje.
La experta comentó que a su consultorio llegan muchos niños y niñas con problemas del lenguaje y de comportamiento, porque al no poder comunicarse con su entorno, llaman la atención con golpes, gritos o pataletas. Una vez los ayuda, ellos descubren todas las posibilidades que tienen y mejoran notablemente su conducta.
La terapia del desarrollo auditivo y del lenguaje conlleva ventajas para todos. Para los padres, porque participan en el desarrollo de sus hijos, conocen cada una de las etapas del desarrollo, integran a las familias, se interesan por la naturaleza del habla de sus hijos y establecen una comunicación efectiva.
La sociedad tendrá infantes y adultos con personalidad, inteligentes, integrados, bien portados, con alta autoestima y valores. Pero el mayor beneficiado es el niño/a, quien desarrolla su lenguaje y el 80% de su inteligencia que se potencia de 0-4 años, es perceptivo y se le facilita mucho la lectoescritura. La interesante presentación de la licenciada Cohen concluyó con el siguiente proverbio chino: "La vida de un niño es como un trozo de papel en el que todos los que pasan dejan una señal". Dejemos una huella positiva en la vida de nuestros hijos.