En "Bailando por un Sueño" es el más querido y odiado de los jurados.
Algunos se atreven a llamarle el "Anticristo" sin hacer "siquiera la consulta en un diccionario del término en sí", tal y como él lo comenta.
Lo importante es que Ricardo Moreno se ha convertido en una personalidad del espectáculo panameño por la sinceridad con que evalúa a los participantes del concurso de baile.
Su historia es muy interesante y se remonta hasta la época de los próceres de la patria. Le contaba su abuela que él era idéntico a un familiar que tuvieron en Los Santos, que fue alcalde y al que mataron.
José Moreno, su abuelo, fue el numen de Roberto Lewis para las pinturas del salón Los Tamarindos de la Presidencia y allí reposa su imagen.
Con un gran sentido de humor y sinceridad, nos cuenta todas las anécdotas de su vida.
Creció con el sueño de ser artista, pero por accidente se convierte en bailarín. "Me inicié viejo en la danza, tenía 23 años. Acompañaba a mi novia a Physical y luego quedé bailando. Aunque no lo veía como el trabajo de mi vida, me sirvió para salir de la crisis de los 80", comenta.
"Yo soñaba con ser cantante, mato por cantar, muchas cosas me alejaron del canto, entre ellas una alergia que me lo impidió, y también creo que fue una cuestión como de autoestima y miedo", agrega.
La seguridad que necesitaba nunca llegó y postergó el canto para convertirse en bailarín.
Como tenía que elegir entre trabajar y bailar por la crisis económica que se suscitó a principios de los 90, bailar le resultaba un buen negocio.
"Estudié Comunicación Social y le perdí el encanto a la publicidad, soy demasiado honesto y creo que eso no es lo más apropiado para mí".
Pronto se fue desenvolviendo en el mundo del baile. "Fui muy malo en las matemáticas, siempre estaba en el 3.0, aun así mi capacidad para crear coreografías era estupenda y la aproveché", sonríe.
Tiene el don de la perseverancia; ha trabajado con las mejores academias en Panamá, que lo buscan por su talento. "Cuando algo no me sale, insisto, tengo paciencia para enseñar , mi lema es: siempre puedes hacerlo, nunca digas que no".
"Al final de año me dio reflujo, creo que por el miedo". Dice que este año superó sus medios, se siente relajado y considera que ha crecido.
En la calle la gente le demuestra afecto. Eso sí, odia que le pongan sobrenombres porque su nombre es Ricardo Moreno.
"Abordé una vez el taxi. En el asiento de adelante iba una persona y le dijo al taxista", ¡Tú sabes a quién llevas allí, al mismísimo Anticristo...¨"
"Cosas como esas me molestan", confiesa.
Se le han abierto muchas puertas, en adelante quiere llevar la destreza artística al interior, porque considera que hay un vacío intelectual y que ese sector también merece tener acceso a la cultura.