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Bandas juveniles, la realidad en Panamá


La violencia se encuentra inmersa en todos los ámbitos de la sociedad, a causa de la falta de empleos, espacio para actividades recreativas y de entretenimiento sano, pero sobre todo, la poca o nula comunicación que existe entre padres e hijos.
De acuerdo con el especialista en el tema, Gilberto Toro, la violencia se genera en casa, entre la familia y de allí se esparce a las escuelas y las calles, llenando el ambiente de ella, sin que pareciera existir un control para evitarlo.
Explica que durante la infancia y la pre-adolescencia, es cuando hay que modelar y reforzar el ambiente para que el joven tenga cimientos positivos contra los ataques externos. De lo contrario, el rechazo del grupo familiar se convierte en abono para que el joven encuentre refugio en grupos que le ofrecen protección y los hacen sentir importante, como las "bandas juveniles".
Según las investigaciones, actualmente en Panamá existen más de cien "bandas juveniles", que no necesariamente se dedican a robar y asesinar, además de grupos asociados para delinquir, los cuales en algún momento pueden cambiar su status.
Estos grupos, cuyos integrantes oscilan entre 13 y 17 años, se pueden encontrar en todos los estratos de la sociedad. Por ejemplo, en la clase media hay pandillas de rockeros, skater, góticos, deportistas y extremistas, pero también existen grupos asociados para delinquir, que se dedican a libar licor en la vía pública y a los arrancones en automóvil.
A juicio de Toro, quien ha participado en diversos estudios sobre esta subcultura, las "bandas juveniles funcionan bajo parámetros de iniciación, participación, congregación, festejos y entierro, que les hace sentir parte de una familia, donde cada uno importa y por quien todos se preocupan.
También existen códigos, normas y valores que reglamentan su estadía, motivándolos a demostrar inteligencia y capacidad. Es por esto, que no cualquiera puede ser aceptado.
La mayoría de las bandas no sobrepasan los 15 miembros, por lo que su mayoría son simplemente creyentes que se adhieren en busca de fama, protección y seguridad, sobre todo, en las diversas escuelas, ya sean públicas o privadas.
Entre estos grupos se buscan ganancias, las cuales consiguen mediante robos, tumbe de drogas, tráfico de armas, secuestros, pago por ejecuciones, entre otras, pero no funcionan como cartel, sino de manera independiente, donde las mujeres participan como encubridoras o protectoras de los miembros, porque los intentos por formar bandas de mujeres han fracasado.
Lo primero que se puede evidenciar en la actitud de los chicos, es el silencio. Este prevalece en todos los sentidos. Ya no conversa nada en casa; sea bueno o malo.
Además, su vida se vuelve un misterio, sobre el cual nadie debe investigar. Es entonces cuando sobreviene el egoísmo. Por ejemplo se vuelve común escuchar "esto es mío y nadie lo toque", "a nadie le interesa lo que haga con mi vida". Estas situaciones son señales de que las cosas no están bien y que se está produciendo una ruptura en la relación, donde el adolescente va creando su mundo privado dentro de la casa.
También empieza a sentir preferencia por todo aquello que no le agrada a sus padres o la gente mayor que le rodea, ya sea la música que escucha, el lenguaje, el corte de cabello o la ropa, los vecinos mal portados, entre otras cosas, las reforzará, porque así hará la brecha de separación mucho más amplia y su espacio privado tomará más fuerza.
Según Toro, lo primero es mantener la comunicación y confianza mutua entre padres e hijos durante la etapa difícil de la adolescencia, porque cuando los chicos sienten que esos dos puntales se pierden, encuentran que fuera de la casa es el lugar más apropiado para buscarlas.
"En esta relación de padres a hijos, es importante que los hijos confíen en sus padres y sentir que reciben lo mismo, de lo contrario se buscarán otras recepciones fuera del hogar, donde se encuentras supuestos verdaderos amigos que escuchan, comprenden, respaldan y apoyan".
A juicio de Toro, quien presentó un análisis de este tema en el II Foro Científico: Una Sociedad en Crisis, organizado por el Hospital Psiquiátrico Nacional, cambiar la vida de un chico socialmente desviado de los parámetros de conducta, debe ser una combinación entre lo espiritual y lo material, porque es necesario mantenerlo ocupado.
Añade que generalmente entre los chicos se impone el ocio. La desocupación los lleva a experimentar con lo desconocido, sin pensar en las consecuencias, por eso cuando deciden cambiar están dispuestos a ser productivos, sin importarles el esfuerzo físico que tengan que hacer, por lo cual prefieren los trabajos que conlleven fuerza, como la construcción, para así llegar cansados y no tener más ganas que de dormir y así evitar roces con sus antiguos amigos y que el medio ambiente no los absorba.


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94019
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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