Siempre fue uno de los lugares que más aportó a la economía nacional. Desde los tiempos de la colonia. Su gente no se beneficia de ello: cientos de familias viven en condiciones infrahumanas, lo cual constituye una afrenta a su dignidad.
El turismo podría ser su tabla de salvación. La oferta es variada. Están los sitios históricos, como Portobelo ("fundado el 20 de marzo de 1, 597 por Francisco Velarde y Mercado y declarado Patrimonio para la Humanidad por la UNESCO, en 1980) con sus famosos fuertes y sus vetustos cañones. Portobelo, sí, la ciudad que en los tiempos de la colonia escribió páginas inolvidables por sus famosas ferias donde el oro, plata y otros valiosos tesoros eran tentación constante para los ambiciosos conquistadores y piratas, pero su destino final era la madre patria. Bien claros son los historiadores sobre el auge comercial en dichas ferias: "Portobelo era el lugar de almacenamiento de todo el oro recavado por las colonias españolas en Sudamérica. Los tesoros de Perú eran cargados sobre mulas y llevadas a través del Camino de Cruces desde la ciudad de Panamá hasta un pueblo llamado Las Ventas, y desde allí eran transportadas en botes en el río Chagres hasta Portobelo, desde donde eran embarcadas hacia España".
También, como un sorbo de agua para un sediento viene a ser para la endeble economía colonense, la celebración del Festival de Diablos y Congos, cuya IV versión se celebró exitosamente el sábado 19 de febrero, en Portobelo. La tradición se hizo presente, tomada de la mano del talento, en lo que se constituyó en un espectáculo donde música, cantos, mitos, máscaras, danza y energía interna, tan fuerte como la raza negra, con su mágico encanto se entremezclaron y cautivaron a locales y visitantes, en una demostración de la belleza de este legado afro-antillano que ha sobrevivido a la embestida de la alienación cultural. El festival es quizás el más vivo ejemplo de que cuando manos, mentes y corazones trabajan por una causa común la cosecha es buena. Sin embargo, esta actividad, organizada por grupo Realce Histórico y la Fundación Portobelo, está, como Colón, en una constante búsqueda de padrinos.
Hace poco tuvo lugar en la Costa Abajo de Colón, una actividad que estamos seguros cada año ganará más aceptación no sólo entre los panameños, sino también a nivel internacional. Se trata del Festival del Café y las Aves.
En esta región, el Sendero El Trogón, posetas naturales (El Pozón, La Olla y El Manantial), la diversidad de aves (más de 270 especies, lo cual es maravilloso para los observadores de aves), son puntos a favor que la hacen excelente para el desarrollo del ecoturismo.