Que el niño controle la vejiga y el esfínter no ocurre porque mamá y papá quieran. Es una maduración neuromuscular que es posible entre los dos y tres años. Coinciden los pediatras en que una minoría lo logra antes de los dos años.
Primero se controla el ano y después la vejiga. Este proceso consta de tres etapas. En la primera el niño es capaz de darse cuenta de que se ha orinado o ha defecado (o que lo está haciendo) y se lo dice a sus padres. No puede retener.
Luego viene la etapa en que se percata de que puede controlarse o no, a voluntad. Viene luego una etapa en que descubre que interrumpir o recomenzar la expulsión.
Los padres pueden mostrarle el pañal sucio y el retrete (bacenilla), para que asocie. Decirle que en el futuro cuando tenga ganas de orinar o evacuar lo haga allí.
En la tercera etapa él avisa cuando tiene ganas de oriniar o defecar y los padres deben rápidamente quitarle el pañal, sin ponerlo nervioso ni asustarlo. Pueden felicitarlo.
Para efecto de quitar impermeables y pañales hay que tener presente que el control de los esfínteres suele darse primero de día que de noche.
El desarrollo emocional infantil es algo que no se estudia en las aulas de Derecho, concluyó.
Además de la edad del menor, a la hora de decidir con quien se queda, debería ser considerada la estabilidad emocional de los padres.
A veces se privilegia a la familia biológica sobre al adoptiva y resulta que el menor queda en un hogar completamente disfuncional.
El daño que se hace con una decisión errónea es difícil de subsanar en muchos casos. Ejemplo, el de Cristal Out.