Aunque como los hombres promedio, Jorge Ubaldo (Casimiro), el galán de “No seré feliz, pero tengo marido”, solo articulara monosílabos y fuera esclavo de la TV, el fútbol y su auto, ella lo amaba. Aunque hubo momentos en que hubiese querido hacerlo picadillo. O tal vez recurrir a la salida de Lorena Bobbit.
Eran la pareja perfecta. Bueno, eso creyó durante 27 años Viviana (Gloryana Reyes). Después de todo tenían dos hijos, una casa campestre, un auto al que él le rendía casi pleitesía en los momentos en que no dormía, comía, daba órdenes, criticaba o estaba embelesado viendo algún partido de lo que fuera en la caja idiota que atrapó a la mitad de la población, a los que no eran del mal llamado sexo débil.
Eran los años 70 y 80, en que por guardar las apariencias las venusianas dormían con los marcianos a su pesar y les hacían guisados, los complacían, aunque ellas hicieran el papel de “tontos útiles” para sus casi dioses.
Ni siquiera en los tiempos de “contigo pan y cebolla”, la pareja pudo navegar segura ni hablar el mismo idioma, con todo y que ella tenía cada ideota para tratar de sacarlo del mutismo, despertar su pasión por otra cosa que no fueran los deportes y la comida y hacerlo entender que ella no era un holograma. Si lo fuera, ¿quién le hacía la cama, remendaba la ropa, ordenaba la casa, cocinaba y fregaba como si fuera una cachifa de él, el monstruo mayor y los dos monstruitos que aprendían rápido de papá cómo descontrolarla?