Hace diez años se hizo un estudio en toda la República donde se descubren nueve zonas turísticas, la zona 2 de desarrollo turístico comprende la isla de Bastimento, el Archipiélago de Bocas del Toro, la Isla Colón y parte de la Isla de los Pájaros. Por ello los gobiernos han proyectado el desarrollo de la industria sin chimenea para ese área.
Además de bellas vistas, Bocas, como le dicen los lugareños, tiene para ofrecer una diversa riqueza cultural, representada en los cinco grupos indígenas que convergen en su territorio, los criollos y los negros.
Allí encontramos turistas de todas clases, desde los sofisticados europeos, hasta los mochileros o “backpackers” que pululan por las calles. Se estima que cada turista gasta diariamente de doscientos a doscientos sesenta dólares, incluyendo hospedaje, transporte, giras, alimentación y artesanías. El nombre de Bocas del Toro tiene su origen en varias teorías. La más aceptada es que la provincia tiene forma de un toro acostado. Otra nos dice que al final de la isla Cadenero hay una enorme roca que cuando el mar está enfurecido golpea, produciendo el sonido de un toro bramando.
En la provincia hay nueve islas, cincuenta y dos cayos, doscientos islotes y algunos atolones que nacen y desaparecen constantemente.
En la Isla Colón, hay un total de 34 hoteles y pensiones. Más del 60% de los isleños están empleados en el turismo. En los hoteles pueden haber hasta seis trabajadores netamente bocatoreños.
Muchos extranjeros invierten allí por las facilidades que les da el Estado con leyes de incentivos como la Ley 8 que libera a los inversionistas de los impuestos de los materiales que utiliza en la construcción de las infraestructuras y en el equipamiento de los hoteles. Los inversionistas son italianos, argentinos, españoles y norteamericanos. En la isla Bastimento encontramos la particularidad de que ellos no salen en fin de semana, sino los lunes, en lo que denominan el “Blue Monday”. Los trabajadores bananeros trabajaban arduamente, más los fines de semana. El lunes era el día en que podían estar con su familia y divertirse. Algunos dicen que su nombre se deriva del “blues”, el melancólico género musical del folclore negro americano.
En Bocas se habla “wari-wari”, que contrario a la creencia popular no es patois o patuá, sino inglés mal hablado. Por ejemplo en lugar de decir ¿what happens? o qué pasa, los bocatoreños dicen “wapin”, en vez de water dicen “watá” y “nievá” para referirse a la palabra vecinos o neighbor. Los bastimenteños hablan más cantado. Cuando turistas preguntan qué idioma están hablando, ellos con una sonrisa a flor de labios les responden “wari-wari”.
De Bocas hay mucho que decir y ahora no tenemos espacio, próximamente les traeremos más de esta tierra que nos enamoró y a la que deseamos volver pronto.