Un joyero boliviano ganó seis millones de dólares en la lotería del estado de Florida, con un boleto que le obsequió un sobrino en Miami como regalo de cumpleaños.
El ganador puede recibir todo el monto de una sola vez, lo que le obliga a pagar más de la mitad en impuestos, o en cantidades anuales durante treinta años, que tienen un gravamen menor. Torrico usará parte del dinero para ayudar a su familia y planea abrir una joyería en Miami.
Con un reportaje multimedia nos quedaríamos en la superficie, como nos ocurre con la mayoría de las noticias. En cambio el Evangelio nos permite ir a la oración y examinar junto con Dios cada palabra, cada hecho narrado, y hablar de tú a Tú con Jesús mismo.
¿Qué vale más: ver una película o meditar durante años la vida de Cristo en la oración? En lo particular, no se debe subestimar la película ya que puede servir como un gran auxiliar para acercar a mucha gente a una fe que quizá se haya olvidado, o pueda mostrarnos de manera precisa y directa el sufrimiento que Jesús aceptó voluntariamente por los pecados de toda la humanidad de todos los tiempos.
Los hombres y mujeres estamos en una constante búsqueda de Dios. La película de Mel Gibson es un complemento de gran valor, de eso no hay duda.
Ahora bien, Dios no necesitaba del siglo XX ni de los medios de comunicación para difundir el Evangelio. Al contrario, escogió un tiempo prácticamente sin este poder. Los propios apóstoles eran gente sencilla, trabajadores comunes y corrientes y, a pesar de sus limitaciones, la Buena Nueva se difundió con mayor efectividad que todos los actuales medios de comunicación.
Ver o no ver la película de Mel Gibson es la decisión de cada uno. Lo conveniente es apreciarla y después ir al Sagrario y reavivar nuestra fe, nuestra credibilidad a ese Jesús, Salvador. De seguro, él estuvo presente en la filmación de la cinta. Sólo nos queda preguntarle su opinión de la misma. Tal vez la respuesta pueda tardar años, pero si insistimos, Jesús mismo podría decirnos algún día qué ocurrió exactamente durante Su Pasión. Y eso, sin duda, cambiará nuestras vidas para siempre.
No son las llagas, ni la sangre, ni el sufrimiento puesto en escena y divulgado por los medios de comunicación masiva lo que nos libere. Sino la fidelidad suprema hacia Dios Padre. Así lo sintió y vivió Jesús. La Pasión de Cristo es un hecho vivo con episodios reales, es historia y misterio. Gústele o no a los escépticos. Yo, de mí parte la iré a ver nuevamente.