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Campamento guadalupano una experiencia inolvidable


Al llegar las vacaciones escolares y la temporada de verano, es la época indicada de viajar o simplemente ir de paseo al interior de la República, sin embargo, este es un sueño con pocas probabilidades de que se haga real para muchas niñas de humildes familias que residen en la ciudad capital.
Pensando en esta triste realidad y en las necesidades y peligros a los que se exponen las niñas en hogares sin adultos durante el día y en las muchas necesidades que atraviesan, hace más de treinta años, a las integrantes a las Damas Guadalupanas se les ocurrió organizar un campamento en El Valle de Antón, para brindarles una experiencia diferente, recuerda con orgullo y satisfacción, Thelmita Quijano de Orillac, quien ha trabajado en la organización junto a su madre, desde que era niña.
Thelmita Quijano, explica que las 100 niñas elegidas cada año para ir al campamento por un mes, proceden de hogares muy humildes, lo cual comprueban con ayuda de las maestras de escuelas y trabajadoras sociales, porque el objetivo es darles una oportunidad para ver y experimentar cosas fuera de su entorno, que todavía hay gente buena y dispuesta a ayudarlas.
A juicio de Karla Velásquez (Tía Kitti), "ser invitada un día al campamento, cuando tenía 11 años, cambió mi vida por completo. Aquí me enseñaron a valorar lo que tenía y luchar contra las adversidades para ser cada día mejor persona".
Actualmente Karla es una de las "tías-monitoras " del campamento - como cariñosamente se les llama a las instructoras- porque siente que es su responsabilidad contribuir a que otras niñas puedan ser encaminadas a ser personas productivas que aporten buenos frutos a la sociedad.
Cuenta que cuando una de las damas guadalupanas le ofreció un cupo para el campamento, jamás se imaginó que ese mes significaría un cambio radical positivo para el resto de su vida, ya que además de recibir instrucción en cuidados de la salud, manualidades, arte, gimnasia, prevención de abusos, devoción cristiana afianzamiento académico, "aprendí a compartir con el prójimo y que todos por más humildes que seamos tenemos siempre algo que ofrecer a los que menos tienen".
Durante el programa de clausura el pasado miércoles cinco, las niñas demostraron a sus tutoras, benefactoras y a los invitados a su acto cultural, que sólo hace falta una oportunidad.
El acto que inició temprano bajo la sombra y brisa de los árboles, estuvo precedido de una misa, donde las niñas con rasgos de diferentes razas unieron sus voces para alabar a Dios con visible entusiasmo por ser parte importante de esta ceremonia.
Luego como expertas bailarinas y actrices, cada grupo se asomaba al escenario con nuevos atuendos, esperando su turno de presentación. Fue así como las más pequeñas ejecutaron un valse del ballet "La bella durmiente", con una coreografía preparada por Josefina Nicolette, lo que en cada paso capturó la admiración de los presentes, ya que en un tiempo tan corto lo hicieron con habilidad y destreza.
Un grupo de niñas más grandecitas dramatizó los milagros de la Virgen de Guadalupe, mientras otras dos unieron sus voces en una declamación titulada "Niñas guadalupanas", donde expresan de manera sintetizada sus experiencias en el campamento.
Los aplausos no se hicieron esperar cuando en vestido de baño salieron con unos arcos decorados con flores en una coreografía rítmica, y continuaron cuando bailaron la conocida "Denesa" y la cumbia "Que viva Panamá".
Además, presentaron la obra "Cenicienta", donde afloró el talento actoral de cada una de las participantes, que no sólo hicieron papeles femeninos, sino también masculinos.
La velada culminó con el "Carnavalito guadalupano", en el que se presentaron a las reinas de los diferentes grupos, ataviadas con lujosos atuendos, seguido de un brindis compartido entre campistas, tías, benefactoras e invitados especiales.


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80410
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América