Asimple vista lucía enfadado. Su mirada endurece su rostro de huesos pronunciados, en una expresión que se filtraba fácilmente, pues Luis Pulido Ritter es de aquellas personas expresivas, a quienes es imposible quitarles la vista del rostro.
Era su día. Como escritor viajó desde Alemania, lugar donde reside y trabaja como profesor, con la misión de presentar en su tierra natal, Panamá, su tercera obra, luego de 10 años de haber publicado su segundo libro.
Pulido Ritter tiene un currículum de ganador, su última proeza literaria fue el obtener el premio Ricardo Miró en la categoría ensayo, versión del 2007.
Pero esto no impidió que las personas designadas, por él mismo para leer su novela, dijeran todo lo que pensaban de ésta. Y no todo fue maravilloso.
Era lo que esperaba cualquier lector, en este caso los de Pulido Ritter, que llenaron la sala donde se efectuaría el conversatorio. Ellos querían honestidad.
Es lo bonito de la literatura, nos cuenta, ahora un poco más relajado el escritor en una entrevista posterior, “la literatura te permite la crítica, la disidencia y las opiniones encontradas”.
Incluso, admite triunfante que al publicarse su segundo libro pasó igual, “algunos preferían el primero, otros el segundo, eran opiniones encontradas, eso es lo que está pasando con esta obra y me parece bien, porque un libro que no se publique, que cause indiferencia, que no motive, no tiene razón de ser”, cuenta el literato.
Aquel día se reunieron en la mesa Emma Gómez, ensayista y profesora; Arístides Martínez, escritor e igualmente catedrático y el abogado Ebrahím Asvat, director del diario El Siglo.
Todo comenzó con Martínez, quien aportó dos ideas significativas en relación con la novela de Pulido Ritter: la primera es que consta de siete capítulos en los que no acabas de terminar uno y el autor te mete un pasaporte gratuito y expedito para moverte la curiosidad de conocer qué está pasando en el siguiente capítulo, una habilidad comparable a la del célebre escritor peruano Mario Vargas Llosa, dijo el profesor Martínez.
La segunda es que no estaba de acuerdo con la reseña de la contraportada que explica que la historia se descubre en el Panamá de los últimos años de la dictadura, lo que según su opinión no es lo correcto, sino que el drama se desenvuelve en los últimos años de la dictadura panameña, cuestión más de tiempos que de escenarios.
Emma Gómez fue un poco más allá, indicó que la obra tenía errores de ortografía y sintaxis, y que no se expresaba con la intención de ofender al autor, ya que todos los grandes escritores pasan por una fase de correción.
Ambos críticos, tanto Martínez como Gómez, recomendaron la novela, sin embargo, ante la duda, Pulido Ritter explicó por medio de esta entrevista que entiende y respeta la opinión de Martínez, pero en relación con la de Gómez siente que fue un error lamentable.
Ese error se resolvió conversando con Gómez posteriormente, añade el autor, ya que ambos llegaron a la conclusión de que no existían errores ortográficos o de sintaxis, pues eran léxicos de los personajes que dialogaban entre sí, contó.
No obstante, Pulido Ritter tenía más que decir. Quería compartir el verdadero espíritu de su obra, que en esa ocasión quedó en el ambiente como una novela dura, enmarcada en el mundo del narcotráfico.
La verdad del autor.
La obra en sí trata de dos temas específicos, explica Pulido Ritter, uno es la impunidad y el otro, la caída de los personajes en ese abismo donde permanecen atrapados como peces en pecera.
¿De qué mundo vienes? no tiene un final feliz. Uno de los personajes sobrevive, pero su supervivencia significa su ratificación de ingreso al sistema de impunidad, en el que finalmente se pierde a él mismo.
El drama de la novela se desenvuelve en Colombia con personajes panameños que están inmersos en el micromundo del narcotráfico. Dos amigos y dos seres humanos.
Fue este detalle lo que cautivó a su otro crítico, Ebrahím Asvat, quien aportó que la novela se trata no de personas buenas o malas, sino de la decisión de tomar o no el camino de la ilegalidad.
Para Pulido Ritter era un reto que le permitiría motivar a la autorreflexión de sus lectores, hacia los que dirige la interrogante ¿de qué mundo venimos todos?, con la intención de condenar la impunidad y de seguir cuestionando: ¿por qué como sociedad aceptamos y estamos inmersos en ella? Es una situación que trasciende a las familias, al sistema político y a toda la sociedad, reflexionó el escritor.