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Carlos: adversidad, carisma y alegría


Con una amplia sonrisa y esos ojazos con que se gana la simpatía de quien le conoce, mientras chapotea en una piscina que le colocan en el patio de la casa donde vive con su hermanita de dos años Cristina de Los Angeles y con su madre Lizbeth, Carlos César Castro López, nos da la bienvenida, a eso de las 9:46, de una calurosa mañana sabatina.
La parálisis cerebral no le ha restado carisma ni le ha robado la alegría como tampoco a su madre las esperanzas de que con paciencia, dedicación y terapia Carlitos saldrá adelante y mejorará.
La historia de este dulce niño comenzó en diciembre de 1989.
"Estábamos en tiempos de la invasión, la situación económica estaba dura, yo estaba tensa. Desde los seis meses comencé a tener contracciones. Se me bajaba la presión.
“Pasé 5 días sin probar bocado. El 20 de diciembre a las 12 del día mi esposo me llamó para decirme que estaba herido y de allí en adelante por un tiempo no supe de él. Se me adelantó el parto y al bebé le faltó oxígeno, lo cual le produjo parálisis cerebral.
“Inició el peregrinaje con Carlos, la ida al médico, a terapia...".
Cuando nació tenía la frente prácticamente hundida. A los días se fue acomodando. Notaron que algo no iba bien con Carlos César a los cuatro meses de nacido, porque, no se reía.

Le hicieron todos los exámenes necesarios, como el de toxoplasmosis, rubeola y todo salió negativo y el doctor no encontraba razón de peso que pudiera ser la causa de la parálisis a excepción de la falta del oxígeno al momento del nacimiento. Lo diagnosticaron con microcefalea y parálisis cerebral, lo que le produce convulsiones.
Luego comenzó en terapia de alto riesgo. Más tarde, estuvo en el CRI hasta los cuatro años y luego donde Mary Arias y allí empezó con sus primeras clases de terapia ocupacional.

"El entiende todo lo que le dices, no habla. Cuando tenemos alguna actividad en que sabe que él es la estrella, saluda a la gente, se siente grande. Es muy tierno y cariñoso. Da besitos y todo", dice la amorosa madre mientras trata de vestir al hiperactivo niño que no muy conforme con la idea, salió de la piscina.
Mayormente ella es la que se ha hecho cargo de la crianza de Carlos César, porque el papá del niño es uno de esos "militares machistas que no aceptó en determinado momento tener un hijo con problemas. Le resultó bien difícil adaptarse a eso, comenzaron los problemas bien serios. Cuando estábamos juntos Carlos convulsionaba todas las semanas. Cuando nos separamos y él se lo llevaba, también ocurría lo mismo".
El le da su pensión, lo ve y el papá es la adoración tanto de Carlos como de la hija mayor, quien sufrió una regresión con la llegada del niño y la enfermedad de éste, explicó Lizbeth.

 
"En la vida faltan tantas cosas y de pronto, me viene a la mente que si uno falta, qué va a hacer Carlos. Sí, me gustaría mucho tener más tiempo para ocuparme de él. A veces me digo que si hubiera estado 100% con él, estaría más adelantado, ¿por qué no puedo ayudarlo? , él es tan receptivo, inteligente y lo que uno le enseña lo recibe", comenta, mientras el niño disfruta de la sesión de fotos.
" Se baña solo, desde las seis de la mañana tengo que levantarlo y con la niña en la espalda y él de la mano, tengo que bajar la loma y caminar hasta la casa de mis padres varias cuadras (lo que me toma 25 minutos porque él a veces se cae y hay que andar con cuidado) que son los que me los cuidan, pero ya están mayores", agregó. Viven en San Miguelito, en Las 500, en una casa les alquilan un apartamentito en la parte de atrás. "Es un señor bien consecuente. Es un sitio en donde puede estar cómodo donde no hay que estar con la preocupación de que no se caiga, no se haga daño y en donde no les importa que sea discapacitado y le tienen cariño", dijo, a la vez que recordó que en donde vivía antes le veían con mala cara al niño.
A la hermanita de dos años, Cristina de Los Angeles (porque nació el 22 de diciembre, en que baja el espíritu de la Navidad) Carlos no la deja jugar y ella le tiene miedo.

"Cuando uno tiene un hijo con problemas, los problemas económicos son los primeros que tocan a la puerta. Con el nuevo tratamiento me dio muchas esperanzas", dijo y agregó que "la acupuntura le ayuda mucho, a la tercera sesión ya empezamos a ver los resultados. Luego del tratamiento comenzó a ser mucho más sensible. Mejoró, en una ocasión le convulsionó y empezó a dar gritos (era que le dolía la cabeza) y empezó a repetir las vocales y el color rojo, que es el único que se sabe. El tratamiento también lo tranquilizó un poco más, porque es hiperactivo, ahora tiene mayor control de sí mismo.
Dos amigas suyas, Yolanda y Auri, le han apoyado en rifas, matinés y otras actividades que Lizbeth ha realizado para obtener fondos para darle el tratamiento a su hijo, pero, hace un par de meses carece de fondos para continuar. Y su hijo, "al llegar a la adolescencia requiere de otro tratamiento especializado, que quizás le ayudaría a eliminar las convulsiones y le devolvería parte del equilibrio con lo cual podría caminar mejor y lograr la integración social, con la consecuente inserción laboral", puntualizó.
"Es como desvestir un santo para vestir a otro", comentó, al referirse a los páramos que pasa para brindarle apoyo a su hijo que la necesita más que nunca para superar escollosción.
"Tengo cifradas mis esperanzas en esto de que a través de ustedes pueda continuar con el tratamiento. Desde que me dicen algo voy corriendo. Yo sé que no voy a llegar a tener u niño 100% bien, pero, anhelo que pueda valerse por él solo", es su mensaje a la comunidad cuya solidaridad agradece de antemano..
Hay una cuenta en la Caja de Ahorros, la No. 030187199-4, para quienes quieran ayudar a esta madre desesperada en su afán de continuar llevando a su hijo a terapia para que con todo y su parálisis cerebral gane cierta independencia que le permita cuando ella no esté bastarse y defenderse en la vida.


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96892
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América