Estas trece obras de 200l nos reiteran un pensamiento visual experimental en el cual es el color je central, en este caso, dentro del conjunto que conocemos de Rodaniche. El conjunto define una convergencia en torno a elementos neofigurativos reiterados a nivel conceptual. A la fecha, el artista había manifestado su abierta inclinación por esta vertiente de allí que sus obras de 1998 y de 1999 estuviesen signadas alternativamente por este rasgo y consecuentemente fueran naturalezas visuales dominadas a ratos por el color más que por la forma. "Ritos y Referencias Urbanas", nombre que respalda su individual en Mateo Sariel es testimonio de esta "experimentación".
De allí que si bien es cierto las resonancias figurativas parecieran ser centro del conjunto, éstas son pasajeras y una vez superada la primera impresión que tengamosdel color es evidente que retoman como eje del pensamiento la neofiguración con énfasis en la búsqueda..
Advertimos, es cierto, la obsesión por formas definitivas, lo cual aparentemente nos conduciría a pensar en claves figurativas pero aún así es evidente que las mismas se conciben, se entienden, como realidades visuales más allá del contenido primigenio. Una obra en la cual esta conjunción estaría dada es "En la cuerda floja". Pero inclusive en esta obra aparentemente signada por lo figurativo, la esfera que refuerza la idea asentada como esta en el hilo, resulta errática por la complejidad que establece ese extremo final, fuera del lienzo. A primera ojeada, insistimos, una cosa pareciera ser lo que intuimos primero y otra cosa parecería ser lo que intuimos después. Quizá lo mismo identificaríamos en otra obra, "El Diablo Rojo de Arturo (como sardinas en lata)", con connotaciones más "figurativas" dadas no solamente en el calificativo sino también en la evidente obviedad de sus signos visuales.
Más valioso serían sus aportes de "sugerencia" en "La Tormenta" o bien "Reciclaje Interno" en donde superando la reiteración que aportan los nombres encontramos esas neofiguraciones mencionadas y que nos definen al artista en seguimento de una metáfora, misma que nunca es develada por completo en el lienzo. Lo evidente es esa exaprimentación conceptual que marca al pintor.