Se me sugirió escribir hoy sobre los Carnavales en este espacio. No es mi tema favorito, pero admito que en mi niñez y adolescencia me dejaba seducir por esta fiesta pagana. Aprendí pronto que gastar mi tiempo en asuntos de esa índole, baladíes, mundanos, es como echarles rosas a los cerdos.
Como dice el viejo adagio, Al césar lo del césar. De los Carnavales ahora lo único que me gusta es ver las carrozas (porque son hermosas, trabajos de arte) y las reinas, y escuchar y ver a uno que otro cantante, que no sea vulgar. Y no soy santa ni pretendo serlo porque tengo mi carga de pecados, como todos, unos gigantes, otros medianos y aquellos que uno ni considera tales, como las famosas mentirillas blancas (como si estas viniesen en colores y mientras más tenues o pasteles los matices fuesen menos mentiras). Pero no hay grises: estás con Dios (eso trato) o con el diablo.
Sí, diablo con minúscula, porque, él es tan poca cosa. Aunque crea lo contrario y haya convencido a millones, desde la ingenua, ambiciosa y desobediente Eva. Aunque él sea el antagonista N.° 1 de Dios no me gusta escribir su nombre con mayúscula.
Lo odio. Porque el diablo es tan ponzoñoso. Es responsable del caos en la Tierra, de que la Caja de 'Pandora' esté abierta y la violencia, la ambición, la envida, los celos, el desamor, la muerte... ganen terreno en este, su mundo, del que son parte los Carnavales con su inmoralidad y desenfreno: bacanales, embarazos no planificados, invalidez y muerte por accidentes de tránsito al conducir bajo los efectos del alcohol.
Los Carnavales están plenos de placeres y frivolidades, con las cuales el diablo atrae y tienta. Adormece espiritualmente, subyuga y hace que las personas débiles de voluntad caigan en la arena movediza del pecado, que las enguye, les impide escapar de este mundo, del cual, a no dudarlo, estamos en los últimos días.
Por eso, que empiece la farsa, que le sigan el juego todos los que quieran. A final de cuentas, el que ríe de último ríe mejor. Ojalá, entonces, entre los que riamos, estemos usted y yo.
Si cree que exagero, está en su derecho. Si comparte mi opinión o parte de ella, también. Es libre de hacerlo. Pero si es parte de la farsa, procure no afectar a terceros ni hacer nada que tenga que lamentar después.
A continuación algunas recomendaciones:
1.-Revise su vehículo para que esté en buenas condiciones mecánicas, lleve su llanta de repuesto, maneje con precaución, no lo sobrecargue, respete las señales de tránsito y si ha bebido alcohol, utilice el conductor designado.
2.-Asegúrese de que su hogar está seguro, de que desconectó los electrodomésticos, el gas, cerró bien puertas y ventanas y comunicó a sus vecinos que estará fuera para que estén al pendiente si observan a algún extraño merodeando.
3.-Si tiene mascota, déjela a cargo de algún vecino, familiar o en un hogar u hotel para mascotas.
4.- Lleve consigo un kit de primeros auxilios.
5.-Evite malgastar el agua potable, la que usted bota otro la está necesitando.
6.- Para evitar problemas estomacales tenga cuidado al ingerir bebidas o alimentos en la calle, asegúrese de que quienes los venden porten los permisos de salud, usen guantes, no tengan heridas en el cuerpo y observe los alrededores del lugar de expendio de las viandas.
7.- Use protector solar y camisas y pantalones de mangas largas y beba suficiente agua-asegúrese que sea apta para el consumo humano- para evitar la deshidratación. Los más vulnerables son los niños.
8.- Recuerde que está vigente el toque de queda —a partir de las 9:00 p.m.— para los menores.
9.-No se exceda en gastos, el inicio del año escolar está a la vuelta de la esquina. Además, hay cuentas por pagar.
10.- No confíe en extraños, “caras vemos, corazones no sabemos”.