Corresponsal especial de LPS
Cuando su negocio no crecía al ritmo que él deseaba, el carnicero británico Chris Battle no se preocupó demasiado, sino que empezó a vender carne por Internet. El negocio ha pasado de 70.000 a 750.000 libras al año de 105.000 a 1.140.000 euros) y además tiene clientes en todo el mundo.
"Mi vida ha cambiado totalmente", dice Battle desde su carnicería de Keighley, al norte de Inglaterra, donde ha vivido su familia desde hace 100 años. "Tras 35 años detrás del mostrador, esto es como si hubiera vuelto a nacer". Fueron sus hermanas Joanne y Angela las que le convencieron de que se gastara 1.000 libras en una página de Internet, que era mucho más barato que cualquier otra forma de publicidad. "Lo consiguieron, como suele pasar siempre con las hermanas. Pero si quiere que le diga la verdad, en los primeros meses no tuvimos mucho trabajo y empecé a pensar que no había valido la pena porque, a los 51 años, creía que sabía muy bien lo que iba a pasar".
"Personalmente nunca imaginé que alguien quisiera comprar un producto como este por Internet. Creía que los productos tradicionales como el beicon y el jamón sólo se venden de modo tradicional, es decir, en las tiendas. Pero de repente todo explotó y, antes de que pudiéramos darnos cuenta, vendíamos el 75% de nuestros productos a Hong Kong, Japón, Suráfrica, Perý y Venezuela, en principio a británicos que vivían allí. Ahora recibimos unos 30 ó 40 pedidos diarios por Internet porque, evidentemente, en la red estamos abiertos las 24 horas del día de los siete días de la semana. Así que, aun cuando esté durmiendo, Internet genera negocio".
Sin embargo hay un mercado importante en el que todavía no ha conseguido vender. "Me gustaría vender en Estados Unidos, pero la legislación prohibe la importación de alimentos. Tengo muchas peticiones de allí, pero les tengo que decir que no puedo atenderles".
La página web, que tiene el nombre de Jack Scaife, el suegro de Battle, anuncia "bacon as it used to taste" (beicon que sabe a lo que solía saber) y "tradicional meats delivered worldwide" (carnes tradicionales entregadas en todo el mundo). El usuario no tiene más que conectarse, elegir el producto, pagar con su tarjeta de crédito y el pedido se envía normalmente antes de las 24 horas. Dos de los artículos que más piden los clientes extranjeros son el beicon y el jamón curado. Battle confiesa: "Seguimos el proceso de curación que se viene haciendo en las granjas de Yorkshire desde hace siglos. Y podemos asegurar que produce una carne sabrosa, muy apreciada en todas las mesas del mundo.
La curación tiene lugar en su propia fábrica, una nave con gruesas paredes de piedra de Yorkshire para mantener constante su temperatura interior. El jamón se pasa primero por dos tipos de sal y otros dos de azúcar moreno, como se ha hecho siempre en la región. Después se deja algunos días sobre una mesa de madera para que suelte todos los jugos y se cuelga durante una semana aproximadamente. En ese momento ya se considera "curado hasta el hueso".
"Las grandes fábricas inyectan en el jamón una solución que contiene glutamato monosódico, un potenciador del sabor", explica Battle. "Este proceso aumenta el volumen de la carne y, por consiguiente, el beneficio. El jamón contiene habitualmente hasta un 35 por ciento de agua que, con la inyección salina, puede aumentar hasta el 65-70 por ciento. El líquido blancuzco que suelta el beicon de esta procedencia cuando se pasa por el sartén es el glutamato, causante del chisporroteo que se produce. Nuestro beicon sólo pierde en la sartén del 2 a 3 por ciento de su peso, por lo que siempre resultará mucho más barato", explica Battle.
Aunque sigue practicando los métodos tradicionales de curación en su fábrica, Chris Battle es un auténtico entusiasta de los métodos modernos... pero administrativos. Por eso realiza sus operaciones bancarias a través de Internet y compra por este medio las frutas y verduras. Y en cuanto a la publicidad, no le preocupa: "Internet llega a una clientela mucho más amplia de lo que podría haber pensado nunca y genera su propio negocio. Permite que una pequeña empresa como la mía tenga una clientela tan ghrande como Harrods de Londres".