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Celos masculinos o influencia de dinosaurios


Los celos sexuales masculinos no son una emoción periférica de la vida humana. A veces son tan intensos que llevan al hombre que los siente a matar a su pareja o al otro hombre que participa de la infidelidad (TRAICION) según el celoso. A veces hombres normales calmados, sin historia de violencia, llegan al extremo de asesinar y golpear físicamente a su pareja bajo el pretexto de que ésta le fue infiel.
Las leyes de casi todas las sociedades antiguas condenaban a muerte a la traidora, las leyes modernas todavía tienen una gran permisividad en esto de los celos masculinos. En Brasil todavía es un derecho de honra; en Panamá, todavía se le perdona a un hombre por medio de un jurado de conciencia el crimen, a causa de los celos; en Texas era legal, (hasta 1974), al igual que en la India. Es decir, matar a los dos adúlteros si estos eran muertos durante el acto... era lo correcto.
Hay leyes en todo el mundo y las ha habido a través de toda la historia humana, que exoneran al hombre que mata a la esposa adúltera. Los celos sexuales masculinos son la causa más frecuente, de todas las formas de violencia contra la mujer, y los celos sexuales la razón principal, de todos los asesinatos, y aunque parezca una paradoja, son también los celos de los maridos los que ocasionan que las mujeres -al defenderse de las acusaciones de infidelidad por parte de sus maridos- les den muerte a éstos en un acto de proteger su propia vida.
Esta conducta no se halla tan sólo circunscrita a la cultura latina u occidental, no son solamente los gallegos y los chiricanos, sino que desde el Sudán o timbuktú, la causa principal de los asesinatos de los hombres a sus esposas es la infidelidad o los celos sin control.
Además de la infidelidad, el 20% de los asesinatos cometidos por hombres hacia otros hombres, tienen su origen en la rivalidad por una mujer, o en la defensa que experimenta un hombre ante la ofensa que le hacen a su mujer o hija (amantes escondidas, vale también). Y como dice David Buss "Es posible que el pensamiento de matar y el asesinato real hayan sido adaptativos a lo largo de la historia evolutiva humana y en consecuencia que formen parte de los mecanismos evolutivos masculinos". La conclusión de Boss es todavía mas espeluznante... Se trata dice, "de una posibilidad desconcertante y aterradora", es quizás sobre esta posibilidad no tan desconcertante pero si aterradora que me gustaría compartir unos cuantos pensamientos, no para el hombre de Brasil, ni el del Sudán, sino, para nosotros, los hombres panameños.
Los celos básicamente son emociones que el ser humano siente al ver su relación sexual amenazada, creo que es importante el hecho de recalcar que la palabra sexual, es la clave de uno de los misterios mas incongruentes de nuestra evolución... imaginémonos un día cualquiera al regresar del trabajo a la casa y encontramos a nuestra pareja en la cama con otro. La emoción principal en un hombre es la rabia; si es una mujer, el abandono y la tristeza; en los dos, la humillación.
Todos nosotros, miembros del club del siglo 20, usadores de celulares y de tarjetas de crédito con elevados IQ, todavía parece que no entendemos que cargamos con un mecanismo del siglo 21, sólo que es de antes de Cristo. Este mecanismo llamado celos tiene un propósito, el cual es un poco egoísta, pero cumple su propósito o su misión: asegurar la paternidad del hombre, asegurar que los hijos de éste realmente sean propios y evitar el invertir en hijos ajenos, wow !... El mecanismo de los celos, también nos sirve para alertarnos sobre el hecho que podemos perder a nuestra compañera si seguimos permitiendo que continúe flirteando con el vecino (leer miedo y inseguridad) y en consecuencia... la violencia como forma de disuadir a la mujer o al rival, de alejarse de ella... mecanismos arcaicos, mecanismos obsoletos, pero aún utilizados eficazmente por una parte de todo Homo Sapien panameño, genética de los dinosaurios. La cena ya no tenemos que cazarla, viene en latas de colores en los supermercados.
En la antigüedad veíamos a los hombres comprándoles a su pareja bellísimos cinturones de castidad (regalos no apreciados) y libros de pureza que terminaban en las chimeneas, observamos métodos de retar a duelo de lanza y pistolas a contrarios, no bienvenidos en el círculo de admiradores, (este método les encantaba a las mujeres, ya que esperaban que los dos idiotas se matasen) ellas eran tan felices que hasta les colocaban sus carísimos pañuelos Gucci en sus lanzas.
Vemos con horror como el hombre con tal de controlar a su mujer sexualmente (CELOS) le coloca cinturones de castidad, velos en sus rostros, medias y faldones, las manda a conventos, la coloca en pedestales (vírgenes) y las destruye socialmente (prostitutas), todo esto con tal de ordenar un poco la danza sexual que fluye en nuestra sangre y que aun hoy día, no tenemos mucha idea, del porqué, ni del cómo.
Ocasionalmente un típico Australopitecus (no afarensi) entra a una discoteca y ve a su compañera, recostada 10 centímetros más de lo que según su percepción, debiese estar de la mandíbula de su rival, o del imbécil del saco negro, sentimos inmediatamente el furor en nuestra sangre, sentimos como ésta se irradia nuestros músculos largos, estos lógicamente, dispuestos a una confrontación. Cuatrocientos mil años de evolución tirados al tinaco en un sólo movimiento femenino, que mecanismo tan increíble, todo en cuestión de 0.5 de segundos, realmente asombroso, el poder que aun mantienen las pestañas de una mujer sobre la evolución de un hombre.
Para poder comprender la forma primaria de los celos masculinos debemos también comprender nuestras diferencias con el sexo opuesto. En una encuesta realizada en 10 universidades alrededor del mundo se tomaron 100 jóvenes de ambos sexos y se les hicieron una serie de preguntas, todas dispuestas a sacar una conclusión entre las diferencias mas importantes entre los hombres y las mujeres, solo mencionarse las 2 primeras, cosa de poder entender el hecho de que no es que vengamos unos de Marte y los otros de Júpiter, sino que vemos el mismo cuadro de forma diferente. Las jóvenes mujeres respondieron que lo más importante para ellas en su vida era un hombre que fuese un caballero, un hombre que compartiese con ellas, desde sus riquezas, hasta su amor. Nosotros respondimos que lo más importante era que estas nos fuesen fieles, F.I.E.L.E.S. y como segunda opción que estuviesen sexualmente dispuestas, cuando nosotros lo estabamos (Parece encuesta de moros y cristianos).
Tengo como función primaria saber que mis celos, aunque universales, pueden ser manejables, tengo la obligación para conmigo mismo, de saber que soy, único, diferente, que soy especial, que no hay 2 como yo en esta tierra... Mi código genético, y la conducta implantada de mis ancestros no me dan el derecho, de que si siento... luego tengo licencia de actuar, creo que puedo cambiarlo a siento, luego pienso y entonces si no le hace daño a mi espíritu, ni a mi prójimo, entonces actúo... creo que Erick From siempre tuvo la razón, el amor no es una ciencia sino el más bello de todos los artes, y los celos extremos, no son sino un miedo terrible a querer desplegar nuestras alas de ángeles y volar, hacia el infinito, nuestros celos masculinos no son otra cosa que aquel miedo primitivo y ancestral que aun se esconde entre los senos de su madre, y aun a pesar de tantos adelantos, en el exterior de su entorno todavía entre las tibias cobijas, de su alma, le sigue temiendo a la libertad.


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38046
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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